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La política del odio en un estado inculto

Se creería que somos un país civilizado, pero ante tanta saña y ferocidad, más parecemos un estado inculto de barbarie total

Mientras escribo estas líneas el expresidente Paco Flores se debate entre la vida y la muerte en un hospital, habiendo sido intervenido quirúrgicamente para tratar de salvarlo por un derrame cerebral, producto en parte de un padecimiento de trombosis en una pierna, pero producto en óptimo grado, por las presiones de perversidad de seres “humanos” sumidos en el odio.

Aunque se sabe que su estado es crítico y mi deseo ferviente es que logre recuperarse totalmente, es incierto aún cómo se desenvolverá su gravedad, esperando que a la hora de esta publicación haya esperanzadores avances.

He oído y leído los desafortunados comentarios de sus detractores políticos, que mientras respaldan la corrupción de sus protegidos señalados por enriquecimiento ilícito en sus partidos, por lo que son investigados por la Sección de Probidad de la CSJ, y conociendo que de ellos “hay enorme tela que cortar”, se ensañan con odio, y hostilidad sin límites contra una persona que yace en una cama luchando por su vida. Lo más inaudito es que la única diferencia en las acusaciones e investigaciones entre estos sindicados y el expresidente Flores, consiste en que éste, en una acción que considero inexplicable, se autoincriminó, pensando yo que debió asesorarse legalmente y dejar que las investigaciones siguieran su curso legal y que ellas resolvieran su inocencia o culpabilidad, pero decidió irse a meter a la boca del lobo (verdadera boca de una jauría de lobos jadeantes de venganza política y odio jarocho, cómo podían observarse en la televisión).

Conozco a Paco desde kínder en la Escuela Americana en que fue compañero de mi hija Julia Regina hasta que ambos se graduaron de High School, habiendo sido siempre un joven inteligente y buen estudiante.

Por esto, al conocerlo desde toda una vida, sentí ira indignante ver cómo, cuando él voluntariamente se había entregado, fuera apresado por enorme contingente de policías armados hasta los dientes, cómo que –(faltando a la coherencia cerebral)- se les fuera a escapar, todo para humillar y mostrar un show de brutalidad innecesaria, dado el sometimiento voluntario del expresidente.

Luego, cada vez que era conducido a alguna diligencia legal, lo hacían con extravagante séquito de vehículos por delante y por detrás, repletos de policías con sus ametralladoras o fusiles (no sé que eran) exhibiéndolos por las ventanas, y adentro del vehículo en que lo llevaban, con igual despliegue de ridículo y costoso pelotón de agentes armados enseñando sus armas, como si se les fuera a escapar un temible asesino.
Se trataba de humillarlo, aplastarlo, exhibirlo cómo el más peligroso criminal del mundo, pues ni al Chapo Guzmán hemos visto ser transportado así al recapturarlo.

¿Quién dio esas órdenes cuando los verdaderos criminales pululan en todas las colonias, y sabiéndose donde están los dejan aterrorizar y si los capturan no es con el lujo de salvajismo con que se ha tratado a un expresidente de quien no puede saberse aún su culpabilidad o inocencia?

Es requete asegurado que Taiwán deseaba que ganara Saca la elección presidencial y que en su propaganda fue utilizado el dinero. ¿Y acaso no es sabido que de Venezuela provinieron los millones de propaganda para Funes?

Entonces ¿Por qué el odio? ¿Será que esa orden proviene de Fidel Castro porque jamás le perdonó que lo ridiculizara en la Cumbre Iberoamericana al plantársele?

Se creería que somos un país civilizado, pero ante tanta saña y ferocidad, más parecemos un estado inculto de barbarie total.

*Columnista de El Diario de Hoy.