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Polín, el guerrero

El Negro Polín (nombre inventado para un personaje real) es un guerrero. Pero sus batallas no ocurren en territorios verdaderos, con olores mezclados de vegetación, pólvora y sangre. Lo suyo es el infinito y misterioso terreno del ciberespacio. Allí, comandando un ejército de soldados anónimos, diseña y ejecuta vastas operaciones de guerra psicológica, campañas de desprestigio del enemigo y operativos de distracción.

Algunos datos afirman que menos del 25% de los salvadoreños, son usuarios de las redes sociales, un universo más bien reducido todavía, pero creciente. Pero para Polín todo lo digno de atacar y defender está hecho de pixeles y tiene una o más cuentas en Facebook o Twitter.

Es más, la vida, para nuestro personaje, no es otra cosa más que esas teclas, esos nombres extravagantes, y esa pantalla que permanentemente ilumina su rostro. Y el lenguaje es ese de pocos caracteres, en donde la palabra "qué", se convierte en "q", y "amigos" en "amgs", los verbos más agitados son algo así como linkiar y tripiar, y hay signos como rt, @ y +1 que quien los desconoce puede terminar perdido en los insondables laberintos del universo virtual.

El uso de las redes sociales en particular, y el Internet en general, con fines políticos se puso en boga en el país, durante la campaña presidencial pasada. Para entonces los blogs, fueron el instrumento más utilizado en ese contexto. Por las características mismas del medio, incontrolable e ingobernable, el uso se convirtió muy rápido en abuso. Y desde esa trinchera, sobre todo desde la orilla izquierda, se lanzaron groseras campañas de ataque contra cualquier adversario.

Ya para esta campaña presidencial el correo electrónico, Facebook y especialmente Twitter se han convertido, en el marco de la Internet, en las vías preferidas para el traslado de mensajes políticos ya sea de manera positiva o negativa. El Negro Polín respira en el lado gris. En la vida real es un personaje oscuro, muy oscuro, en medio de la luz. Pero en la Internet es una estrella en la oscuridad. Allí, general de un ejército de trolles (me imagino un montón de enanitos siniestros) y perfiles falsos, cobra la dignidad que no tiene en el mundo de verdad.

Un troll, para aquellos que no saben, es alguien que se conecta a las redes sociales con el único propósito de provocar al resto de usuarios enviando mensajes ofensivos. Y un perfil falso, es una cuenta con nombre, foto que envía mensajes. Sólo que la persona bajo ese nombre y esa foto no existe. Es sólo una creación más del general de los trolles.

El Negro Polín, trabaja a sueldo para un grupo político. Es un soldado de fortuna, sin ideologías ni credos. No es inmoral. Es amoral. Su jefe es quien le paga. Su misión en la vida es la del jefe de turno. Y allí está, llevándole a su jefe los seguidores (perfiles falsos, desde luego) que no tiene en la vida real, publicitando casas que no existen y pregonando fantasiosas promesas que nunca se cumplirán.

Pero allí está también el Negro Polín difamando, atacando, defendiéndose. A veces descubre conspiraciones, detecta campamentos enemigos, los rodea con su ejército de trolles (los enanitos), entabla la batalla, suda, transpira, causa y tiene bajas. Llora. Es la guerra. Y así, de tanto vivir en lo virtual, toda su vida se vuelve irreal. Tanto su ejército y sus seguidores, son como los de sus adversarios. No existen en realidad.

Allá afuera de la red, la gente de verdad, la que paga el alto costo de la vida, la que vive asediada por los criminales, la que busca y no encuentra trabajo es la que se encargará, más temprano que tarde de apagar con un simple movimiento, el mundo virtual de el Negro Polín y sus trolles.

* Columnista de El Diario de Hoy.

marvingaleasp@hotmail.com