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Polarización en ebullición

No podemos seguir con esta escalada de violencia ni con el enfrentamiento político y social, como si nunca se hubieran firmado acuerdos de paz y, aunque ya no haya balas ni bombas, pero sí puede estar creciendo un odio más mortífero

Cada día me estremezco al ver cómo nuestra sociedad se polariza aún más y creo que es momento de que hagamos un alto en el camino y reflexionemos.

No podemos seguir con esta escalada de violencia ni con el enfrentamiento político y social, como si nunca se hubieran firmado acuerdos de paz y, aunque ya no haya balas ni bombas, pero sí puede estar creciendo un odio más mortífero y destructor.

Y lo digo con toda la autoridad de un salvadoreño que vivió con crudeza la violencia de los inicios de la guerra, en 1980, y percibo esa misma efervescencia.

Como ya lo hemos dicho antes, en aquella época había muertos por doquier en las calles y el campo, de la misma manera que ahora. La única diferencia es que ahora no son causados por enfrentamientos políticos.

Seguimos cegados por la intolerancia, que ha llevado a muchos a matar a otros solo por una mirada, por un malentendido o por un arrebato emocional, como le ocurrió a un indigente limpiavidrios que riñó con un conductor, el cual lo mató de varios disparos.

Ese no es El Salvador que yo conocí antes de los años 80, sino el país de gente amable, colaboradora, solidaria, que compartía su pan con sus hermanos. Ahora vemos una generación acostumbrada a las riñas de auto a auto, a los reclamos airados, a los juicios precipitados, a medir fuerzas.

Pero, como decíamos, la violencia actual no es solo la provocada por la delincuencia, sino también por los deseos de aniquilar al enemigo, a los fanatismos, a la idea de que solo el sector o partido al que pertenezco tiene la razón. Eso mismo fue el detonante de la guerra de los 80 y ahora nos está destruyendo. Entonces, quiere decir que no hemos aprendido la lección.

Los resentimientos y los desencuentros crecen y no nos permitirán vivir en auténtica paz.

Hasta miembros de la Policía Nacional Civil han salido a manifestarse para reclamar mejores salarios y prestaciones, cosa que nunca había ocurrido en la historia de la corporación ni en el pasado.

Algo se tiene que hacer para que pongamos nuestros ojos, no en las cosas que nos dividen, sino en los verdaderos problemas del país.

No podemos seguir actuando con base en intereses partidarios ni cerrarnos a la realidad, sino sentarnos para discutir cómo nos volvemos un país más competitivo, atraer más inversión, abrir fuentes de trabajo y procurar mejores salarios y condiciones de trabajo para todos.

Pero si dejamos que la inversión se vaya, si nos quedamos con los brazos cruzados solo dependiendo de las remesas y si dejamos que nuestro país se vaya deteriorando más, no nos quejemos más adelante.

Si seguimos en este ritmo, serán nuestros hijos y El Salvador quienes perderán en definitiva, porque solo nos condenamos al atraso y el aletargamiento, mientras otros vecinos como Costa Rica y Panamá avanzan en el desarrollo.

Ya una guerra interna nos hizo perder 12 años, nos dispersó hacia Estados Unidos, Canadá y varios países de Europa, pero, sobre todo y lo más lamentable, nos arrebató una generación llena de aspiraciones y fuerza de trabajo.

Siempre hemos dicho que El Salvador no tiene yacimientos petroleros ni minas ni otras fuentes de riqueza, sino que lo más valioso es su gente, que todos los días sale a trabajar haciendo a un lado los riesgos, los fenómenos naturales, las crisis económicas y ahora las graves amenazas a la salud, como el zika.

Y esa riqueza humana se está perdiendo por la violencia y la falta de incentivos para vivir en El Salvador.

Ahora como hace tres décadas, vale la pena recordar y cantar aquella tonada del grupo español Jarcha, que decía: “Libertad, libertad, sin ira, libertad, guárdate tu miedo y tu ira, porque hay libertad sin ira, y si no la hay, sin duda, la habrá...”.

* Editor Subjefe de El Diario de Hoy.