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El poderoso rugido de un héroe

El sábado pasado, la Policía perdió a uno de sus más destacados agentes: Johnny Stanley Rivas Martínez. Un grupo de pandilleros lo atacó cobardemente mientras podaba un árbol en la Colonia San José de Lourdes, Colón, en su día de descanso. Según fuentes policiales, Johnny es el trigésimo policía asesinado este año, en lo que parece ser una ofensiva orquestada por grupos criminales en contra de personal policial. Las motivaciones y objetivos detrás de esta racha de ataques, están vinculados a la dinámica propiciada por la negociación con las pandillas, iniciada en la administración de Mauricio Funes. Dichas agrupaciones utilizaron con éxito este tipo de hechos para obtener beneficios oscuros en el contexto de la interacción extorsiva que entablaron con el Estado.

Las cifras resultantes revelan que la seguridad pública atraviesa una verdadera crisis, ya que según éstas, en promedio, cada 22 días las pandillas asesinan a un policía, lo que significa que (hasta la fecha) por cada mil policías, uno es ultimado. Las estadísticas muchas veces no transmiten fehacientemente las implicaciones que se esconden detrás de los números y, por lo tanto, se ven despojadas de su potencial para ejercer presión sobre las autoridades. Es lamentable que tenga que darse una indignante y trágica historia como la de Johnny para que la ciudadanía escuche y los funcionarios despierten.

El sacrificio, entrega y valor de los policías no se logra apreciar en su verdadera magnitud por quienes no han estado sumergidos en su subcultura o no han tenido un contacto con la heroica naturaleza de su labor. Muchos no dimensionan correctamente el coraje y desinterés que implica usar una placa y portar un arma todos los días, en un país como El Salvador, y salir a las calles para combatir el mal y hacer prevalecer el bien. Sin embargo, casos como el de Johnny --en los que las más admirables características de quienes han jurado servir y proteger ante todo, se elevan a su máxima expresión-- logran transmitir, de forma aceptable, cuánto debemos de apreciar y cuidar a nuestros policías.

El Diario de Hoy había elaborado un reportaje sobre este destacado agente, que tenía programado publicar el domingo. El escrito buscaba relatar la historia de éxito de un policía asignado a la prestigiosa Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO), que además había logrado convertirse en un galardonado atleta internacional, campeón centroamericano de fisicoculturismo. Sin embargo, las grandes cualidades que caracterizaban a Johnny, involuntariamente se convirtieron en las verdaderas protagonistas del reportaje.

Las respuestas que brindó ante las preguntas formuladas por quienes lo entrevistaron, esbozaron a un hijo respetuoso de sus padres, a quienes quiso, admiró y respetó con todas sus fuerzas. Pintaron, además, a una persona que, a pesar de sus logros, era humilde y que confiaba en Dios sobre todas las cosas. Proyectaron a un policía ejemplar, excelente compañero y subalterno. Sus respuestas dejaron claro que El Salvador tenía a un verdadero héroe a su servicio.

Estas magnificadas cualidades, que sirvieron para que Johnny fuera un policía destacado, ahora se transforman en un potente rugido después de su fallecimiento, haciendo que todos los salvadoreños presten atención a la difícil situación de inseguridad que vivimos y que, en consecuencia, elevemos nuestras voces para despertar a funcionarios que parecen estar permanentemente adormitados, padeciendo de una indomable pereza que no les permite empeñar todas sus fuerzas para garantizar la seguridad de ciudadanía y acabar con las estructuras criminales que tienen secuestrado al país. Ese poderoso rugido es el último regalo que Johnny, icónico héroe policial que sirvió a su Patria con valor y entrega, le deja a El Salvador. No lo desperdiciemos en posiciones ideológicas-partidarias, sino aprovechemos la oportunidad para unirnos en una sola voz y reclamar un abordaje inteligente, efectivo, eficiente, técnico y transparente de la crisis delictual.

*Criminólogo.

@cponce_sv