Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Poco o ningún avance en creación de políticas de seguridad vial

Un día de estos en televisión española transmitieron un interesante debate sobre el número de muertos, 33 en total, ocurridos en accidentes de tráfico en las diferentes carreteras españolas durante las festividades de Semana Santa.

Contrario a lo que sucede acá en nuestro país, la discusión no estaba centrada en lo que hizo la Dirección General de Tráfico de España en las carreteras ni el número de esquelas impuestas, los test de alcohol hechos, mucho menos el despliegue publicitario de los titulares de las instituciones encargadas de esta tarea que, a diario, presidían sendas conferencias de prensa, entrevistas en radio y televisión donde pontificaban sobre las cifras de accidentes del día e incluso tomaban posturas de abuelos regañones ante los supuestos "conductores irresponsables".

La discusión de los españoles, presidida por las autoridades del ramo, pero contrastado con periodistas especializados, ingenieros en tráfico, técnicos en carreteras y señales viales, incluso, por víctimas de percances viales, estaba centrado en el cumplimiento o no de las políticas para la prevención elaboradas a mediano y largo plazo por el gobierno para hacer que las carreteras no solo sean más seguras sino que además haya menos desgracias.

Toda la discusión enmarcada, como lo dicen las autoridades de la Dirección General de Tráfico (DGT), con la intención de ayudar a todos a circular por las vías públicas, apoyando al ciudadano en su derecho de moverse libremente. Esta visión tiene como tarea, la que ellos califican de ambiciosa, diseñar, elaborar y promover políticas de seguridad vial, en coordinación con otras instancias del Estado, nacionales o internacionales.

Esta visión, como se mostró en el debate televisivo y lo consigna el sitio web de la DGT, llevó, en la última década, a una reducción drástica del número de accidentes de tránsito en España y, con ello, los muertos; cuestión que supone --y esto es una de las diferencias a la visión que se tiene en El Salvador-- "la seguridad vial es una ciencia, una ciencia generada del conocimiento de muchas disciplinas diferentes, unidas todas en el hecho de hacer que la gente se desplace con seguridad y que el error humano, de producirse, no lleve al sufrimiento, físico o psicológico…" La seguridad vial implica buenos conductores, pero también va acompañada de buenas leyes y autoridades que usen la tecnología del momento no solo para "pillar" a los transgresores de la ley, sino también para dar información mejor y oportuna en las carreteras que, además de estar bien construidas y con mantenimiento permanente, deben estar adecuadas a las necesidades de la movilidad de los vehículos tanto dentro como fuera de la ciudad.

Además de buscar una movilidad segura, y este es un segundo punto radicalmente distinto al que plantean las autoridades salvadoreñas, también requiere el desarrollo de nuevas ideas. Las ideas para mejorar el comportamiento y la formación de los usuarios para lograr su desplazamiento vehicular y a pie seguros, provienen y se actualizan de manera permanente de distintas fuentes, sobre todo del estudio y la investigación científicos, del conocimiento y uso de la tecnología, de la sicología e incluso de las experiencias exitosas o no de otras naciones.

Y a partir de este punto, entramos a una tercera diferencia con lo que se hace en El Salvador, ideas y conocimiento son los pilares de la política vial, siempre al servicio del ciudadano, con eficiencia y con ilusión (ver textos completos en el sitio de la DGT, http://www.dgt.es/es/la-dgt/). Eso de las políticas públicas es importante, fundamental, esencial, para entender el trabajo, en este caso, de Seguridad Vial; en nuestra "comarca municipal salvadoreña" la politiquería, la visión de corto plazo, los interesas particulares hacen que no avancemos en esta línea y, por lo que vemos, no creo que avancemos en el futuro cercano.

Otro ejemplo palpable, es el famoso Sitramss, en principio pareciera que es una idea interesante, que podría ayudar sustancialmente a mejorar el transporte público, sin embargo, sin entrar a funcionar en forma completa, se prevé un terrible desastre, entre otras cosas, de fondo, porque este proyecto no está enmarcado en ninguna política de mediano y largo plazo, tampoco tiene ciencia y conocimiento sobre los pormenores de un proyecto de esta naturaleza ni mucho menos existe una concepción clara y definida sobre lo que es el desplazamiento seguro , En gran parte, la politiquería y la improvisación han hecho que lo que podría ser un proyecto interesante y positivo ha generado una serie de nuevos problemas como dividir la ciudad en dos, embotellar aún más las calles del centro y, sobre todo, "complicar aún más" la relación del tráfico privado con el público, y este último entre los buseros de las líneas tradicionales y las nuevas. ¡Qué lío!

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com