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De la plaza pública a las redes sociales y el discurso político

Tanto antes como ahora las elecciones son el camino formal y real para que las autoridades de nuestra República democrática y representativa se renueven periódicamente; no me cabe duda de que los comicios, antes de la firma de los acuerdos de paz, hace unos 25 años, tenían características diferentes a las actuales.

Una de las diferencias radicales tiene que ver con una expresión, de la plaza pública a las redes sociales; antes, sin lugar a dudas, las grandes concentraciones en plazas públicas era el centro fundamental no solo de las campañas preelectorales sino también la forma en que los políticos se relacionaban e interactuaban con la población.

Era en la plaza pública donde los candidatos, y en general los partidos políticos, exhibían "todo lo que eran"; era allí donde las concentraciones mostraban la "fuerza" del partido, medido, principalmente, por lo masivo de los eventos, como también por la dinámica discursiva e histriónica de los candidatos tanto a la presidencia como a una diputación o de cualquier concejo.

La oratoria en su mejor acepción solía relucir en estos eventos, aunque poco a poco se fue convirtiendo en peroratas medio en serio, medio en broma, salpicadas supuestamente con ironía y sarcasmo, aunque en realidad cada vez eran más vulgares o corrientes, dando cuerpo a la "fiesta popular".

La población, además de recibir una serie de prebendas que iban desde una camiseta, una gorra o tamales, recibían un baño de promesas y expectativas que nadie, absolutamente nadie, se preocupaba de que fueran las necesidades prioritarias de la ciudadanía, mucho menos había algún político que se preocupara en cumplir lo ofrecido cuando llegaba al poder.

Esto muestra, creo que de fondo, una similitud y, a la vez, una diferencia sustancial con lo actual; es similar en tanto el aparato partidario como los candidatos que van tras el apoyo y, por supuesto, el voto de la población mediante el empleo de recursos para seducir a las masas, al pueblo. La diferencia es que antes, por un lado había que distinguir entre lo que es el partido, el candidato, el mensaje y el futuro gobierno y por otro, poco importaba que lo prometido se cumpliera ya en el gobierno.

Además, se contaba con la fuerza o la persuasión explícita con presiones de todo tipo; el fraude, en última instancia, rondaba todos los procesos eleccionarios, la impureza de los comicios y, en general, el control institucional e independiente de las votaciones era parte de la estrategia del partido en el poder.

En la actualidad hay cada vez más un "control" del proceso electoral por parte de un organismo especializado bastante independiente y sobre todo "vigilado y controlado" en todas las etapas del proceso por los diferentes partidos en contienda.

Puede que exista inexperiencia, ineficiencia, incluso torpeza en la planificación y ejecución de los comicios, como lo demuestran las actuales autoridades del Tribunal Supremo Electoral. En algunas partes del proceso hay claros retrocesos en la forma de organización, parecía que ya estaban superadas la logística, la pureza del evento, sin embargo, y en esto es claramente distinto al pasado, "el relleno de urnas" como se hacía antes, o la burda imposición para votar por uno u otro partido, son impensables en la actualidad.

Hay dos formas en que se puede cometer fraude en la actualidad: una, que los representantes de los diferentes partidos políticos se pusiesen de acuerdo en una o cualquier parte del proceso para traicionar la voluntad popular, y dos, porque exista tal desmadre que permita el abuso de algunos "inteligentes políticos" que suelen moverse en la penumbra .

Las campañas de propaganda de los principales partidos políticos que cada vez más tienen en cuenta la alternancia del poder, montan estrategias integrales que incluyen desde la "creación" del candidato, su mensaje y programa político hasta el uso de la plaza, la visita casa por casa, los medios de comunicación y la publicidad, conscientes de que los mensajes , además de orquestados, deben de ser coherentes con la práctica política al llegar al poder. Lo prometido en campaña se convierte así en un verdadero desafío.

Por si fuera poco, el uso de la web y las redes sociales, con todas sus características propias de la virtualidad e interacción actuales forman parte de las nuevas estrategias de la campaña electoral.

Tan importante es ahora el trabajo territorial como la creación del mensaje y la apropiación del mensaje por parte del candidato como el uso adecuado de las redes sociales y el manejo de los medios de comunicación.

El llamado voto residencial, el voto cruzado, los concejos plurales, la participación de las mujeres y los jóvenes también son cada vez más normales en los comicios de la actualidad, en tanto que antes eran cuestiones impensables.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com