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Pilatos, Herodes, Barrabases, siempre actuales

El número 33 de "Camino", libro del cual sus ediciones se cuentan por millones en varios idiomas, dice: «Nunca quieres "agotar la verdad". Unas veces, por corrección. Otras --las más--, por no darte un mal rato. Algunas, por no darlo. Y, siempre, por cobardía. Así, con ese miedo a ahondar, jamás serás hombre de criterio». Donde dice "hombre" yo lo cambio por "país" y donde dice "criterio" lo cambio por "Estado de Derecho" y tenemos de dónde vienen nuestros males sociales que no acaban. Cobardía moral, mucha cobardía política. Tratar de que triunfe la justicia, hacer que las leyes justas se respeten y se cumplan y las leyes inicuas se deroguen, se ve con temor. Eso crea tensiones, conflicto --dicen-- y hay que lograr la paz, mejor llegar a un acuerdo, a un consenso político: --yo te cedo esto, tú me entregas lo otro, etc. y todos contentos. El consenso, se adora el consenso inicuo, ese tira y afloja y al final… --yo conservo mi cargo, mis compromisos, tú lograste un puesto inmerecido, pero era parte del acuerdo… ¿y la verdad, y la justicia? --que la crucifiquen una vez más.

Hay que decir una y otra vez que no cabe paz ni progreso donde no impera la justicia. Hace años ya escribí en mi columna, en tiempos de Semana Santa, que "Pilatos son todos los amigos del consenso imposible, de la paz a costa de la justicia. Deberían erigirse estatuas de Pilatos ante los poderes legislativos de muchos países y desde luego una muy grande y majestuosa en la sede de las Naciones Unidas con un rótulo en bronce con su famosa frase: "¿y qué es la verdad?". Y sigo pensando lo mismo cuando veo los cambalaches, las marufiadas, los consensos injustos, los jueces que se ríen de la justicia y solo miran cómo favorecer al partido al que pertenecen…

Reviven las figuras de Semana Santa. Herodes son todos los que se mueven dentro del "pensamiento débil", superficial, acomodaticio. Ellos no crucifican a la verdad ni a la bondad; Tampoco la aman ni la odian. Esperan que les divierta y cuando ven que se niega, simplemente se ríen de ella y la cubren con la vestidura de la locura y se la devuelven a los Pilatos de turno, para que la crucifiquen, aún sabiendo que es inocente.

Con razón Benedicto XVI señaló que la crisis actual de nuestro mundo se basa, en el fondo, en un desprecio o un odio por la verdad, por cualquier verdad, porque la verdad es exigente, exige sacrificios, esfuerzos y siempre tiene y tendrá enemigos poderosos. No puede edificarse una paz social basada en chalaneos turbios. Los Acuerdos de Paz, fueron profundamente injustos y ahora vamos pagando sus consecuencias y retrocedemos en democracia. Por eso estamos acosados por los pandilleros, los modernos Barrabases.

Tenemos también nuestros pequeños Judas, que por treinta monedas se cambian de partido o votan a favor del derecho al aborto o lo que mande el imperio de la cultura de la muerte. Y tampoco faltan los cristianos perezosos, y cobardes que no votan porque es mucho el esfuerzo, porque todo va a seguir igual, "porque ya se sabe…". Estos siempre están dispuestos a dormirse en nuevos Getsemaníes, siempre que sean suficientemente cómodos, a ser posible en una buena playa porque "estamos en las vacaciones de verano y hay que disfrutarlas".

También existen algunos ciudadanos Cirineos que ayudan a cargar la Cruz, Verónicas que limpian la faz ensangrentada de Jesús y Pedros que se arrepienten después de sus traiciones, pero todos esos siguen siendo muy pocos, en medio de la muchedumbre que grita, insulta, se burla y se divierte. Son pocos los que viven la Semana Santa en profundidad, sabiendo que allí todos fuimos alguno de sus personajes que, de un modo u otro, contribuimos a crucificar a esa verdad que nos ama, al mismísimo Jesucristo.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com