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¡De pie, salvadoreños!

Evaluar los 5 años 100 días de gobierno del FMLN no puede ser más descorazonador. Las personas con las que a diario tratamos expresan su indignación al comparar su cotidiana realidad contra los "excelsos" mensajes propagandísticos del nuevo presidente. No es que esperaran milagros, no, de ninguna manera. Pero tenían la esperanza (como posiblemente la tuvimos todos en determinado momento) de que Sánchez Cerén por lo menos reconocería los graves problemas que tenemos, paso indispensable para comenzar a resolverlos. Por el contrario, nos pinta un gobierno exitoso (aunque mereció un "aplazado" por parte de la opinión pública) y considera que los salvadoreños somos "burros con ojeras" (sic), puesto que la mayoría consideramos que los problemas, lejos de solucionarse, van profundizándose. Debo admitir que la frase presidencial es 50 % correcta: porque los salvadoreños no somos burros, pero sí estamos profundamente ojerosos, precisamente porque somos personas responsables y pensantes que nos damos cuenta de la realidad.

Pero no solamente ha sido noticia el pésimo desempeño gubernamental. Hay otros asuntos importantes, como la entrega voluntaria del expresidente Flores para ser juzgado; bien hecho de su parte, aunque resulta en un serio interrogante sobre la capacidad de nuestras autoridades de seguridad, que ahora, que está dentro de su casa, lo mantienen rodeado por 35 elementos, cuando antes pudo caminar, solo y tranquilamente, hasta el Centro Judicial.

Igualmente, aunque en otro ámbito, hemos sido estremecidos por el asesinato y desmembramiento de un empleado municipal; dolor indescriptible para la familia de la víctima y aún mayor, estoy segura, para la del supuesto victimario, que creció dentro de un excelente hogar, rodeado de atención, buenos ejemplos, amor y tuvo acceso a las mejores escuelas y universidades. Quienes siempre hemos abogado por procurar a nuestra población una buena educación, nos quedamos sobrecogidos en casos como éste. Noticias tan graves deben hacer nos reflexionar profundamente.

Sin embargo, a pesar de tanta negrura, yo no puedo ser pesimista. No en el Mes de la Patria, no cuando recuerdo su historia, no cuando hago un listado de los muchísimos eventos trágicos que hemos vivido y superado. A pesar de terremotos, inundaciones, guerras, sequías, violencia y pésimos gobernantes, los salvadoreños nos mantenemos en pie. Como usted; como Don Toño, el laborioso carpintero que casi con heroísmo ha hecho profesionales a sus hijas; como Juan Valiente, que aspira a ser electo diputado y desempeñarse como tal, no solo con patriotismo, sino con cristianismo; como el numeroso grupo de empleados judiciales a quienes encontré orando juntos al inicio de sus labores; como los salvadoreños de mi generación y hombres y mujeres que seguimos en nuestra tierra, porque nuestro amor por ella es más grande que todos sus problemas.

Hay una razón por la que los salvadoreños siempre nos levantaremos y seguiremos en pie: llevamos el nombre de El Salvador y Jesús, nuestro Dios y Redentor, nunca nos abandonará. Eso sí: debemos acogernos a Él con fe y devoción.

Que el Divino Salvador del Mundo salve a El Salvador. ¡Feliz Día de la Independencia!