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Petróleo, paz y amor

Hay consenso en que los precios del crudo han bajado aceleradamente por dos factores principales: por exceso de producción, y por la constricción de la demanda. Nada nuevo: no es más que atenerse al patrón que imponen las leyes del mercado para un bien o servicio típico. A las que se añade el avance de la tecnología de explotación petrolera, condiciones geopolíticas, y disminución del ritmo económico en algunos sectores del mundo.

En lo que no hay acuerdo es en las razones por las que la OPEP, y los conglomerados que controlan la política y la economía mundial no han hecho más para limitar la producción, y lograr la estabilidad de los precios altos. E incluso, algunos se preguntan si los poderosos están actuando intencionalmente para bajar los precios.

Para explicar la disminución se aducen razones geopolíticas: los precios bajos golpean donde más duele a regímenes como el de Rusia, Irán y Venezuela, "enemigos" tanto de los árabes como del mundo occidental. Y económicas: los grandes le apuestan a bajar los precios del barril del crudo hasta que se vuelva no rentable la extracción de petróleo por la técnica de la fracturación hidráulica de las rocas ("fracking"); de tal manera que los grandes exportadores aguanten una temporada echando mano a sus reservas financieras, y una vez los extractores norteamericanos salgan del mercado, volver a poner los precios en los niveles que les conviene.

Otros añaden al panorama los avances tecnológicos, que han contribuido a una mejora significativa en la eficiencia de los motores que utilizan combustibles derivados del petróleo; la sustitución del crudo por fuentes de energía más limpias, baratas y eficientes. Y también la política, como el revuelto panorama de Medio Oriente, que provoca la venta de crudo a una tercera parte del precio de mercado que ISIS hace a algunos países.

Como sea, desde junio a diciembre, los precios han disminuido un 40% (de $115 a menos de $70 el barril). Este descenso se dio luego de cinco años de estabilidad en el precio, y la última reunión en Viena de los países productores, el 27 de noviembre, no logró detener el descenso porque no se pusieron de acuerdo en disminuir la oferta.

Los efectos de los bajos precios son a su vez financieros: perturban directamente a todas las compañías productoras con altas inversiones y menor capacidad de producción, y políticos, fundamentalmente en países que dependen de precios altos del petróleo para costear sus ansias de expansión, o carísimos programas sociales y/o de clientelismo político: "queremos que el petróleo venezolano sirva para la paz y para el amor, para sacar de la miseria a tanta gente" (Hugo Chávez, abril del 2006).

Rusia, Irán, Venezuela y Ecuador ven con preocupación el descenso del precio del petróleo. Los optimistas piensan que la presión financiera y la imposibilidad de sostener sus sueños populistas o expansionistas harán que los regímenes colapsen, mientras que los pesimistas temen que al verse acorralados tomen decisiones drásticas, en algunos casos, e irresponsables en cualquiera de ellos.

Como sea, los precios bajos puede ser un arma de doble filo para nosotros. Por una parte está claro que si la factura petrolera disminuye, equivale a un aumento significativo en los ingresos de muchas personas --casi como un inesperado aumento de salario--, una leve reactivación económica (que implica mayor recaudación de impuestos, incluso por la aplicación de la reforma fiscal aprobada en 2009) y una mejor distribución de los escasos recursos del gobierno (¿subsidio para transportistas?); pero por otro, si Venezuela no logra sostenerse, una parte significativa de nuestra economía puede verse seriamente afectada, pues podríamos ser víctimas de un Alba fracaso que complique todavía más nuestra precaria situación económica.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare