Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Petróleo e inminente colapso venezolano

Existen muchos rumores, especulación y gran cantidad de indicios que denotan que la unidad mostrada por los herederos del régimen de Chávez es bastante frágil. Se ha conocido de fugas de informes y correos electrónicos de Diosdado Cabello, que demuestran la existencia de coordinaciones con grupos paramilitares, denominados "colectivos", cuya tarea ha sido acosar a los manifestantes de oposición; pero que al mismo tiempo, conspiran contra Maduro. La autenticidad de estas fugas de información no ha sido confirmada.

Lo cierto es que Nicolás Maduro realmente no está en el poder con la misma autoridad y popularidad que ostentó Hugo Chávez. Todo apunta que Maduro está gobernando con una autoridad compartida, junto a ex funcionarios influyentes que gobernaron con Chávez. Aparentan estar trabajando juntos, pero hay algunas señales que indican la existencia de fricciones y que potencialmente podría ser que Diosdado sea el que tenga la última palabra, al ser cabeza de la Asamblea Nacional y el más influyente en las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, la situación económica de Venezuela es realmente la base de su inestabilidad. La inflación a más del 50% y todo indica que será mayor. Crisis de flujo de efectivo resultante de pésima gestión e incertidumbre, inconcebible en un país exportador de petróleo, el cual ya no tiene suficientes divisas para pagar sus importaciones. Una escasez que no sólo afecta clases medias, sino que es generalizada, causando que el dólar encarezca sin precedentes en el mercado negro.

Y esta crisis económica que sacude los cimientos del régimen de Maduro apenas está en pañales, falta que se imponga el inminente colapso del sector empresarial que llevaría a miles de empresas a cerrar sus puertas, incrementado el desempleo y la escasez de productos, con un estallido de descontento.

La escasez de productos de primera necesidad se aproxima al 47%, tasa que podría dispararse a 70% en próximas semanas en vista que las importaciones que debían haberse hecho en febrero para reponer inventarios de abril no se realizaron por falta de dólares.

Es obvio que la situación se agrava, las empresas ya comienzan a cerrar sus puertas y despedir personal. La gravedad de esta penosa situación la ilustra el reciente anuncio del conglomerado empresarial Polar, el mayor grupo agroindustrial del país; el cual, notificó que estaba cerrando sus plantas debido a la falta de insumos.

Polar es una de las empresas mejor integradas, mejor administradas y que cuenta con excelentes capacidades para conseguir financiamiento en el país. Expertos pronostican que si Polar reporta este inminente riesgo de cierre, significa que las demás empresas venezolanas están en una situación aún peor.

Al ver esta crisis generalizada, nos hacemos la pregunta de si la industria petrolera amenaza colapsar y con ello la economía venezolana.

La respuesta es: todavía no. Para el golpe del 2002 esta industria colapsó a toda Venezuela, los trabajadores petroleros fueron a la huelga y hubo reducción significativa de exportaciones a Estados Unidos. Hoy en día no es el caso. Los sindicatos, las personas que trabajan en la petrolera estatal PDVSA, son en su mayor parte incondicionales al Gobierno. Recientemente, Maduro le dio un aumento del 90% a la burocracia petrolera por lo que hay sobradas razones para pensar que hoy el régimen no enfrenta los mismos problemas internos en PDVSA.

A lo anterior se añade que la infraestructura petrolera está relativamente aislada, o la mantienen estratégicamente aislada, de la convulsión social.

El modelo chavista, sin embargo, ya no cuenta con los petrodólares para sostener la falsa sensación de bienestar. Inevitablemente, más temprano que tarde su colapso llevará a los sectores de menos recursos a sumarse a las protestas.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com