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La perversidad los descalifica

En 1998, la izquierda opositora atacó duramente al entonces gobierno del presidente Calderón Sol por darse a la tarea de construir simultáneamente cuatro pasos a desnivel en San Salvador, con el consiguiente cierre total o parcial de las vías correspondientes y los interminables atascos que generó.

Alguien llegó a decir que eso equivalía a que una persona se operara al mismo tiempo del corazón, el cerebro, los pulmones y los intestinos.

Igual ahora: los que tanto criticaron aquel proyecto han restringido total o parcialmente el paso en la alameda Juan Pablo II, en el Bulevar del Ejército, en la Troncal del Norte y en la carretera Panamericana, cuatro vías vitales, por las obras del Sitramss y el recarpeteo, generando iguales o peores e infernales atascos.

De igual manera, como ahora, en aquella ocasión los detractores denunciaron que se hacía en un año preelectoral y las autoridades pidieron "paciencia".

La paciencia se puede dispensar, pero lo que no se vale es haber tenido cinco años para hacer esas obras y dejarlas para el último momento, justo en el fragor de la campaña electoral.

No se vale hacer sufrir a todos con tal de reflejar la mejor imagen del candidato, del partido y de la nueva gran empresa y después decir que los inconvenientes "son culpa de los 20 años" de los gobiernos predecesores. Esto tampoco es un pleito entre un ministro y algunos alcaldes como se ha tratado de hacer creer, sino el colmo de la paciencia y la buena fe de los salvadoreños.

Sólo basta ver los comentarios en las redes sociales y las entrevistas por televisión a la gente de a pie reclamar por el caos vial, saturación vehicular y deterioro de calles y el estrés ciudadano.

No son sólo cuatro alcaldes de la oposición los afectados, sino que somos todos los capitalinos y la gente que viene del interior.

Es que no es lo mismo ver obras en papel y maquetas que echarlas a andar todas al mismo tiempo.

Me podrán decir que son obras que beneficiarán a todos, pero el problema es que por taparse la cabeza, dejarán descubiertos los pies, ¿por qué corren ahora?

No se vale esta clase de improvisaciones, como tampoco se vale sacarle los trapos al sol al adversario político sólo por la campaña, que es otro recurso cuestionable. La gente los está observando y, por más que digan que quieren justicia, la intención los descalifica porque todo mundo sabe que la campaña de descrédito y denuncias y las obras a marchas forzadas tienen el mismo propósito. Pero el fin no justifica los medios y la misma perversidad con que obran los descalifica.

Un taxista llegó a decir por televisión hace unos días que "tuvieron cinco años para hacer obras y ahora se van con todo para que la gente diga que 'están trabajando' ".

Se están desarrollando estos proyectos, pero se están incubando nuevos problemas: la saturación y el deterioro de las vías alternas, nadie se hace cargo del mantenimiento de las mismas, las implicaciones de retirar 800 autobuses de la zona del Sitramss, el cobro electrónico obligatorio que será para financiar, según dicen, los buses articulados, la imposibilidad de muchas personas que viven al día para comprar las tarjetas prepago.

Lo que están haciendo es sembrando ira, desconcierto, resentimiento y desánimo. Y, como hemos aprendido, "el que siembra vientos, cosecha tempestades".