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De lo personal a lo nacional

Recientemente tuvimos un evento que nos llenó de profunda alegría. Acompañados por más de 200 familiares y por el grupo de incondicionales amigos que han estado siempre a nuestro lado, realizamos la presentación del libro "F. Alberto Pacas, historia de un legado".

¿Por qué, cuando nuestro país sufre por tan espantosas tragedias, el tema de esta columna es -- casi- - personal?

Precisamente porque la carencia de familias bien constituidas, fuertes y con buenos principios, es el origen de males como la violencia, el bajo nivel educativo e, incluso, nuestro pobre desempeño económico.

Tengo y aprecio el inmenso privilegio de haber nacido en una familia numerosísima, unida, en la que, desde la cuna, se nos inculcó la fe, el respeto, el amor al trabajo, a la tierra, a nuestro país y a nuestra familia. Tener ese privilegio nos hace conscientes de la responsabilidad que tenemos para promover la institución familiar mediante el conocimiento de nuestra propia historia.

Nuestra familia es una familia común y corriente, como la mayoría de familias salvadoreñas; una familia que tuvo un antepasado, arrojado y valiente, que, llegado de lejanas tierras, se estableció en El Salvador, formando aquí su hogar, saliendo adelante con esfuerzo y sacrificio, teniendo como único capital su buen nombre y rectitud. Una familia con penas y sufrimientos, pero con la determinación de superarse, ayudando en su camino a que otros también se superasen.

Por eso, seis de los 44 primos hermanos que somos, decidimos promover el que se conozca nuestra historia, contando un poco de la vida de nuestro abuelo, Fernando Alberto Pacas Figueroa, a través de sus pinturas, a las que dedicó buena parte de su diaria jornada. Queremos con esto motivar a nuestros descendientes a que continúen recopilando la historia familiar y la vayan trasladando, junto con nuestros valores, a las nuevas generaciones.

Pero también --y principalmente-- es una historia para nuestros conciudadanos. En nuestro país, donde desafortunadamente hay tantos hijos sin padres, el poder mencionar, con nombre y apellido, a nueve generaciones por parte de nuestro abuelo y a once generaciones por parte de nuestra abuela, es un hecho extraordinario, cuando eso debería ser lo normal. Necesitamos hacer conciencia sobre el valor supremo de la familia, su conservación y promoción. Porque solamente teniendo familias fuertes, unidas, respetuosas, donde se privilegie el trabajo bien hecho, podremos salir adelante, no solo como individuos, sino también como país.

El libro mencionado fue realizado con la invaluable ayuda de conocidísimos profesionales: la escritora e investigadora, Carmen González-Huguet, la editora Lissette de Schilling y Federico Trujillo, fotógrafo de fama. Además, Negra Alvarez reseñó el libro con una lindísima "carta a Don Alberto".

Pero, más que un libro, pretendemos que esta obra sea una semilla que fructique motivando a muchas otras familias a narrar sus experiencias para que, a través de ellas, conozcamos más profundamente la valiosa historia de nuestro país. Que eso sirva para que El Salvador vuelva a ser cuna de ciudadanos ejemplares, porque cuenta con infinidad de familias fuertes, unidas y trabajadoras.

Sí, tenemos próceres y héroes (algunos elevados a ese nivel a pura propaganda) pero de nada servirían sin la existencia de esas familias, comunes y corrientes, que con su actividad cotidiana, esmerada y bien hecha, construyen día a día un mejor El Salvador.

La familia es la solución a nuestros problemas.

*Columnista de El Diario de Hoy.