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Persiguiendo la meta

Cada atleta persiguiendo su propia meta: Ganar mi categoría, lograr un personal récord (PR), calificar para el mundial, quedar bien con mi patrocinador, o simplemente terminar

Un manicomio de 1,360 triatletas ingresamos, en licra, a la jaula de nuestras bicis, antes de que saliera el sol canalero del último domingo de enero. Digo canalero, pues la cita al Campeonato Panamericano Ironman 70.3, era en Panamá, que nos recibía con el orgullo del progreso, evidente en cientos de edificios, Uber y un nuevo metro.

La jaula cerraba a las 6:00 am, lo que significa que, a esa hora debíamos haber dejado, a la par de nuestra “niña”, toda la artillería de ciclismo y de carrera. Tiempo justo para validar la presión de la llantas, ordenar el equipo en puchitos, repasar la estrategia y hacer cola en el trono portátil.

“¿Quién está culío?” pregunté dentro de la jaula. Arriba 56 manos de los triatletas de la tierra de la pupusa. Apuesto que en ninguna otra triatlón internacional haya estado el azul y blanco tan bien representado.

Cada atleta persiguiendo su propia meta: Ganar mi categoría, lograr un personal récord (PR), calificar para el mundial, quedar bien con mi patrocinador, o simplemente terminar.

Simplemente terminar, era la súplica de la mayoría de compatriotas, muchos de ellos en su primer triatlón de larga distancia. 

¿Por qué 70.3? Fácil, es el resultado de la suma, en millas, de las distancias a vencer: 1,900 metros nadando en la octava maravilla del mundo, 90 km. de pedal en la cinta costera y 21 km. corriendo en el Causeway. 

Llevo 21 años adicto a los 3 deportes, siempre enfocado en alguna competencia en la mira. Debo confesar, aún siento mariposas en mi pancita, pero mi objetivo no es dejar comiendo polvo al prójimo, sino ponerle coco a mi carrera, y parar mi Garmin lo más pronto posible.

Ponerle coco significa entrenar a conciencia, comer y tomar lo que dicta la experiencia, hacer amistad con tu técnico de cabecilla para que la niña se porte de maravilla.

Significa tener un mapa mental del contenido y posición de tus ánforas, geles de carbohidrato y pastillas de sal, para seguir la receta al pie de la letra: Traguito cada 10, gel cada 45 y dos pastilla cada hora.

Locos de manicomio de 36 países (más guanacos que mexicanos), cada uno con su propio mapa mental y gorro de color.

Al agua pato, por grupos de edad, según el color de tu gorro. ¡Uyyy que helada! Nada que el disparo de salida no pueda curar. Tiempo de llenar mis pulmones de prana y repetir el mantra soy delfín, soy delfín.

Un delfín nadando, no en el acostumbrado triángulo de triatlón, sino en línea recta a la par de los barcos. Bueno, ni tan recta pues había que buscar alivio de una batidora de patadas nerviosas.

El atleta anfibio toca tierra después de un par de tragos dobles de agua salada con aceite. Feliz, como una lombriz pues, gracias a la corriente, se nada muy eficiente.

A buscar a la niña con mucha energía, vestirse de ciclista más rápido que Superman, y salir a comerse 90 km de Panamá. Me moría de la risa al pasar por el mercado de mariscos, pues el aroma me hizo recordar el chiste de los “buenos días señorita”, que el ciego expresó al caminar por el muelle del puerto.

Dos horas 38 de mucha diversión entre las piernas, codo a codo con los pros, y a correr 21 como mañoso de banco. ¡Uff que calor! Solo los locos corremos en el mar, justo al medio día. Aplausos a los voluntarios por más que adecuada hidratación, porras y musicón. Si te gusta el reguetón dale… y a darle se ha dicho.

Tres alegrías coseché en tierras canaleras 1 - Un PR en triatlón 70.3. 2 - Junto a Claudia Vilanova y Aida Turcios, leyenda y promesa de la triatlón cuscatleca, calificar al campeonato mundial Ironman 70.3 en Australia. 3 - Compartir adrenalina y satisfacción con mi hijo Diego, quien se estrenó en 70.3, cruzando la meta entre los primeros 100, séptimo en su poblada categoría. Una bestia.

*Colaborador de El Diario de Hoy.
calinalfaro@gmail.com