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¿Pero, cuál gente?

Cuando el FMLN prometió trabajar por la gente, los ingenuos que votaron por Funes, visualizaron una era de disminución de la pobreza, en que los marginados accederían a una mejor calidad de vida. Lamentablemente, estos votantes no entendieron que el mensaje significaba "trabajar por nuestra gente", lo que definitivamente han cumplido.

Cinco años después, la cúpula, amigos, familiares, compañeras sentimentales, compadres y exguerrilleros, forman hoy una nueva clase social, los nuevos ricos, con lujos nunca antes soñados, gracias a nuestros impuestos, haciendo realidad lo que Sánchez Cerén proclama como "el buen vivir", según su modelo, Nicolás Maduro, que este año gastará $27,000 en zapatos, y $12.5 millones en viajes. El sueño dorado del candidato rojo.

Los meses de sufrimiento, con el descontrolado cierre de calles del MOP, y el calvario de miles de automovilistas, no les importa porque siendo burgueses, es justo que paguen. Y les vale la gente, los miles de usuarios del transporte público, que sin previo aviso, deben abandonar la unidad, porque tomó otra ruta y tienen que andar tonteando por calles desconocidas, para dar con la parada. O caminar y asolearse. Al cabo, no es por esta gente, por quienes iban a trabajar.

El presidente Funes suele castigar a los invitados especiales a sus inauguraciones, haciéndoles esperar horas, sin considerar a los cientos de trabajadores, que han madrugado para prepararle el escenario, el audio, el servicio de alimentos, vigilancia y toda la parafernalia que demanda su ego, para iniciar los insultos, que aumentarán su popularidad. Al cabo, a él, no le importa esa gente.

El escandaloso cierre de fronteras, causado por transportistas indignados contra una medida improvisada, tomada a la carrera, sin pruebas piloto y tiempo suficiente para implementarla, es una medalla más que este fracasado gobierno se ha colgado, presumiendo de una modernización del sistema aduanal, y acusando a quienes protestan, de propiciar el contrabando. No importa la pésima imagen que presentamos ante los países de Centroamérica, incumpliendo tratados y causando pérdidas millonarias. No vale la pena considerar a quienes llevan varios días a la intemperie, bajo el inclemente sol, sin alimentos, agua potable, servicios sanitarios, condiciones insalubres por carnes y verduras podridas. Tampoco a los vendedores de los mercados, sin productos para comerciar, y a los usuarios que deben pagar más por la escasez. Y como a la nueva aristocracia roja esto no le afecta directamente, el caos puede durar toda la vida.

El ministro de Agricultura, Pablo Ochoa, en octubre de 2012, al inicio del problema de la roya dijo: "La emergencia por la roya en el café, es solo de titulares de periódicos", y cuando la plaga había destrozado cientos de hectáreas, el MAG compró fungicidas sobrevaluados, que no correspondían a la propuesta del Consejo Superior de Café. No les importa que miles de campesinos se queden sin trabajo, ante la pérdida de las cosechas en los años venideros. Ellos no forman parte de la gente por quienes prometieron trabajar.

Sus spots publicitarios pretenden demostrar los cambios exitosos del gobierno en materia de educación, puertos, carreteras y hospitales. La dramática realidad de escuelas en ruinas y sin presupuesto, maestros sin sueldo, el Puerto de Cutuco deteriorándose, los hospitales sin medicinas, no constituyen temas de interés. El vaso de leche, los uniformes, el subsidio del gas son como droga que adormece al pueblo, mientras los funcionarios rojos sonríen satisfechos de haber trabajado para componerse, y están luchando desesperadamente para mantenerse en el poder. ¡Salvadoreños, con nuestro voto debemos impedirlo, defendiendo nuestra libertad!

*Columnista de El Diario de Hoy.