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“Perdonar, pedir perdón y ser perdonados ...”

 Buena parte de las angustias que padece El Salvador se debe a la incapacidad de liberarnos de la hostilidad que agita nuestras conciencias. Persiste el odio entre los actores políticos, la animadversión entre víctimas y victimarios.

La víspera de la Navidad es una magnífica ocasión para enterarnos del sentido que el Papa Francisco ha otorgado al “año de gracia” que inició el pasado 8 de diciembre en la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Se trata del “jubileo extraordinario de la misericordia”. Leyendo las 14 páginas de la “Misericordiae Vultus” podemos entender con claridad el significado de esta época. Nos encontramos en un período propicio para perdonar, para pedir perdón y para ser perdonados. 

Buena parte de las angustias que padece El Salvador se debe a la incapacidad de liberarnos de la hostilidad que agita nuestras conciencias. Persiste el odio entre los actores políticos, la animadversión entre víctimas y victimarios, el resentimiento entre esposos, la tirria entre hermanos y el aborrecimiento entre “clases sociales”. El Pontífice sabe lo difícil que resulta para el ser humano ignorar el daño que otros han cometido contra él o en perjuicio de sus seres queridos. Por esa razón nos recuerda que “el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza, son condiciones necesarias para vivir felices. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza”. 

Junto a la petición de olvidar los atropellos que unos cometen contra otros, el sucesor de Pedro nos induce también a no juzgar y a no condenar. “¡Cuánto mal hacen las palabras cuando están motivadas por sentimientos de celos y envidias! Hablar mal del propio hermano en su ausencia equivale a exponerlo al descrédito, a comprometer su reputación y a dejarlo a merced del chisme. No juzgar y no condenar significa en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo”.

El “año de la misericordia” finalizará el 20 de noviembre de 2016 en la fiesta de “Jesucristo Rey del Universo”. Mientras tanto Francisco, el obispo de Roma, nos invita a “encontrar el camino de regreso a la casa paterna” a través del sacramento de la confesión y a ganar las “indulgencias” que esta etapa nos ofrece para borrar la “huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en los pensamientos”. Con ese propósito en mente el Papa propone peregrinar a un Santuario y vivir con mayor intensidad la próxima cuaresma. “Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida. Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón”. 

Con especial afecto el jerarca de la Iglesia Católica se refiere a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su comportamiento. “Pienso en modo particular en los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad”.

En síntesis el Santo Padre nos pide redescubrir y poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales. Las primeras nos exhortan a: “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los muertos”. Las segundas apuntan a: “dar consejo al que lo necesite, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas y rogar a Dios por los vivos y por los muertos”. Con la mirada puesta en la Madre de la Misericordia, la Santísima Virgen María, dispongámonos a gozar de este espacio lleno de bendiciones.

*Columnista de El Diario de Hoy.