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Pensiones y opciones

Hay en lo que intenta hacer el gobierno un problema de fondo: que tiene dueño cada cuenta individual cuyos fondos, total o parcialmente, pasarían a control estatal.

Me alegra que se haya corregido la plana ante el “exabrupto” gubernamental que ligaba el futuro de la dolarización con la aprobación de la reforma de pensiones, antes de que se volviera bola de nieve montaña abajo. Gusto siempre pensar que errar es de humanos y que el rectificar es de caballeros. Evacuado lo anterior, y entendiendo que no es poca cosa lo que viene, nos queda sobre el tapete de la discusión pública el ultra-sensible tema de la reforma de pensiones.

Dicha reforma puede ser para fortalecer el sistema actual, que debería ser el caso, permitiendo, por ejemplo, inversiones en el extranjero a la búsqueda de una mayor rentabilidad para los cotizantes; o, en sentido contrario, para disminuir el sistema de capitalización individual (basado en las cuentas que cada trabajador formal tiene como producto de su trabajo y que son administradas por las AFP), como planea hacer el gobierno. Porque hay en lo que intenta hacer el gobierno un problema de fondo: que tiene dueño cada cuenta individual cuyos fondos, total o parcialmente, pasarían a control estatal.

Hay en su lugar opciones que, cuando menos, deberían ser exploradas. Siendo tan obvio el calamitoso estado de las finanzas públicas, ¿por qué no explorar el elevar un par de puntos al Impuesto al Valor Agregado (IVA)? Los recursos empezarían a llegar de inmediato a Hacienda, solucionándole su problema de caja para operar, y de todos los impuestos el IVA es el más equitativo porque el que gasta más, paga más. Por supuesto que habría costo político al aumentar el IVA, ¿y que acaso no lo tendrían al pasar las cuentas individuales a control estatal?
 
En esta coyuntura país, creo que haría una gran diferencia para bien, de haber un cambio de óptica en los señores gobernantes; hacer a un lado de una vez por todas la “aritmética legislativa” y buscar con convicción los entendimientos básicos que El Salvador requiere. Iniciando con las finanzas públicas, ciertamente, así el costo político de un aumento del IVA podría ser distribuido. A cambio de ello, porque en política no hay almuerzo gratis, el gobierno podría comprometerse con objetivos verificables en el corto y mediano plazo para ir saneando las finanzas públicas en lo que les resta de período presidencial.
 
Pero, además, se debería intentar propiciar un mejor clima para estimular el crecimiento económico, algo que ha venido mencionando el Presidente de la República desde que se convirtió en gobernante electo. La preservación del sistema actual de pensiones, que constituye el ahorro nacional, aumentaría la confianza en el aparato productivo, manteniéndose el patrimonio de cientos de miles de cotizantes, único en su gran mayoría, en sus cuentas individuales hasta el día en que lleguen a pensionarse.
 
Siendo el Presidente de la República firmante de los acuerdos de paz, todavía es tiempo para que pueda intentar este gobierno retomar el espíritu de Chapultepec, que nos permitió superar el enfrentamiento armado que vivimos. De ser así y habiéndose alcanzado acuerdo en finanzas públicas, podría llegarse a la formulación de una política de Estado que garantice un amplio respaldo en la lucha contra la criminalidad, algo que el Consejo Nacional de Seguridad ni por cerca provee.
 
 Ahora que Venezuela y Cuba ya no son referentes, nadie pide a los señores en el gobierno que cambien su forma de pensar. Pero sí podemos pedirles actuar de forma más pragmática para intentar resolver los problemas que sufrimos los salvadoreños, que es al final la función primaria del servicio público.
 

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY