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Pensar en El Salvador del futuro es una tarea seria

El consenso y el disenso deben tener reglas claras en un país en democracia. Un país dividido solo beneficia a los mercenarios, a los que añoran la vieja política

Los 40 jóvenes de diversos sectores que escribieron para el libro “El País Que Viene”, plasmaron su historia de vida, sus críticas, aspiraciones y propuestas para El Salvador que vamos a tener en los siguientes años. Se trata de voces propositivas de la generación joven de una nación, donde el 60% de la población tiene menos de 35 años.

En su columna del 4 de diciembre Paolo Lüers lo tilda de aburrido. Pensar sobre El Salvador de los siguientes años es una tarea seria y compleja, ese futuro no se construye con chistes  ni con simple crítica de escritorio. Los salvadoreños hemos aprendido muy bien cómo debemos pensar en nuestro futuro: primero con los pies en la tierra y luego con el sobrado esfuerzo y tenacidad que nos caracteriza. Pensar en quienes vamos a ser es un ejercicio serio, no de diversión.

Unir a 40 mentes diferentes en un libro es un proceso interesante. Que parezca aburrido es una apreciación personal y demuestra el desconocimiento de un proceso de nueve  meses de trabajo y de la apuesta para llevar estas ideas al territorio salvadoreño en 2016.

En esa misma columna aduce al equivocado “uso de la corrección política (political correctness)”. Los salvadoreños estamos cansados de la confrontación y la división. Ya reconocemos defensa ciega de la ideología y de la legitimación política que depende de la aritmética en detrimento del consenso. Valoramos cada vez más el diálogo, las ideas compartidas y el sueño común.
 
Un libro que confronte solo serviría de almohada para los que añoran los tiempos de la guerra. El adecuado diálogo junto con el conocimiento y la creatividad son elementos claves para un país que camine unido. He aquí una regla no escrita de la práctica democrática: Las formas y el fondo son igual de importantes.

“Demasiado ceremonioso; demasiado bien adaptado a los códigos del poder y los padrinos.” Transformar El Salvador que tenemos para convertirlo en El Salvador que queremos pasa por el diálogo intergeneracional. Tenemos tantas cosas buenas que aprender de hombres y mujeres intachables que han aportado, y desde su juventud vieron el país que venía. El relevo generacional es inminente, pero sin la sabia de los adultos, la generación joven solamente será un ensayo. Reconocer el legado es una actitud responsable de las nuevas generaciones.

La falta de atrevimiento de “provocar y expresar rebeldía y los autores que no tienen nada que decir más que contar sus vidas.” Este país que queremos lo vamos a construir entre todos. Qué lamentable es considerar una condescendencia intelectual el que un salvadoreño cuente su historia de éxito. En el florido lenguaje del populismo, provocar y ser rebelde es una buena señal, pero si aspiramos a una nación fuerte y posicionada en el mundo, debemos promover las ideas disruptivas que nos permitan crecer, no las que nos dividan. Cada historia cuenta.

“Sin la clara confrontación de ideas nunca surgen acuerdos o visiones comunes sostenibles.” En el desmesurado mundo de la crítica y el humor negro seguramente solo se pueden defender las ideas con la provocación y la confrontación. El país al que los jóvenes aspiramos debe estar lleno de coincidencias y diálogos.

Extraña el “Espíritu combativo y la irreverencia necesaria.” Definitivamente el Sr. Lüers y yo coincidimos en que se debe renovar la política pero discrepamos en cuál debe ser la actitud de los jóvenes ante este reto. Él apela al combate y la confrontación, reniega del dialogo respetuoso y las coincidencias. 

Parece que conocemos a distintos salvadoreños. Yo conozco jóvenes con ganas de oportunidades, con ganas de aportar proactivamente. Algunos se equivocaron y quieren una segunda oportunidad, a ellos también les conozco. ¿Qué jóvenes conoce usted?

Los autores “No son aventureros que se arriesgan para construir su propio futuro.” Los jóvenes que escriben El País Que Viene son un claro ejemplo como muchísimos más salvadoreños, que sí están labrando su propio camino. Con aporte en el libro inspiran a la juventud salvadoreña. Ellos han vencido muchas barreras para salir adelante. Han arriesgado y han demostrado su gran talento, tacharlos de lo contrario es solamente un vicio de crítica.

Si caemos en la falsa necesidad de imponer ideas a la fuerza para construir el futuro, estaremos replicando la década pérdida de los ochenta, esa que nos separó.

El consenso y el disenso deben tener reglas claras en un país en democracia. Un país dividido solo beneficia a los mercenarios, a los que añoran la vieja política y a los que viven de los retoños grises de la verdad absoluta.

El País Que Viene es un primer esfuerzo de unir las voces de la generación joven. Por algo hay que empezar para reformular cómo pensamos en el futuro de nuestro país.

El Salvador del futuro se va a construir con la pasión y la energía de los jóvenes, no con la confrontación y la división.
 

*Editor de El País Que Viene. 
@elpaisqueviene