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El péndulo y la nueva elección

Nadie duda de la relevancia del municipio de San Salvador en la elección del 1 de marzo, aunque lo más importante para el país sea la determinación de la mayoría simple como la calificada en la Asamblea Legislativa. Y es que tanto en 2009 como en 2012 los salvadoreños votamos mayoritariamente por el establecimiento de pesos y contrapesos —"check and balances", tan necesarios en toda sociedad democrática; pero la voluntad soberana fue ambas veces burlada por legisladores que, por alguna razón, se cambiaron de camiseta.

Ese cambio de camiseta le ha dado al oficialismo mayoría en la Asamblea Legislativa durante los últimos cinco años y llevó a perder el saludable contrapeso por el que en las urnas se ha pronunciado la mayoría de votantes. Esto llevó a la presentación de demandas ciudadanas ante la Sala de lo Constitucional, que ya resolvió en contra de la figura del "transfuguismo", para evitar que, por la razón que sea, se continúe desconociendo la voluntad popular.

Así nos encontramos llegando a una nueva elección, un mes después de haber iniciado oficialmente la campaña para diputados y a punto de iniciar la de alcaldes: con un país en crisis, con la gente muy agobiada por el problema de la criminalidad y su situación económica familiar, entrando en desesperanza ante la falta de oportunidades y con un entorno cada vez más incierto. No extraña entonces que reflejen las encuestas que sea cada vez más la gente que desee emigrar, a la búsqueda de un mejor destino lejos del terruño que les vio nacer.

Más clara cada vez la alianza FMLN-GANA, si bien el proyecto político en el gobierno ha perdido sustento económico (petrodólares) con el derrumbe y estertores del chavismo, y se encuentra perdiendo su sustento "filosófico" con la nueva era que inicia entre los Estados Unidos y Cuba, continúa siendo la opción política que se encuentra al frente del Ejecutivo, teniendo con ello los anillos del poder. Empero, creo que esta nueva realidad post-chavista y post la Cuba de Fidel Castro producirá una variación del péndulo en la política latinoamericana.

El acercamiento de la oposición política, ARENA, PCN y PDC, que les llevó a concretar coaliciones en algunos departamentos y/o municipios, era el primer paso que tenían que dar. Para quienes no recuerdan, siendo oposición ARENA logró la alcaldía de San Salvador en 1988 (Armando Calderón), coaligado con los partidos PAISA y Liberación. En 1989 obtuvo la Presidencia de la República (Alfredo Cristiani). El FMLN por su parte, ganó la alcaldía de San Salvador en 1997 (Héctor Silva), en coalición con el CD y Unidad (de Jorge Martínez).

Dicho en otras palabras, saludables se vuelven las coaliciones para quienes las concretan, con raras excepciones, ya que estando tan dividido políticamente el país, los votos que pueda aportar determinado partido con presencia permanente en el escenario político nacional -no así los que nacen para determinada elección, o aquellos que mutan nombre de elección en elección arropados como "movimientos ciudadanos"--, pueden terminar haciendo la diferencia. No veo razón alguna para que en lo que a la legislatura respecta, vaya a ser diferente la decisión mayoritaria de los votantes, de lo que fue en 2009 y 2012.

Lo que se espera, si este escenario se llega a concretar, siendo la política "el arte de lo posible", son negociaciones sobre la mesa, de cara al país, con los pesos y contrapesos que resulten de la próxima elección. En cuanto a la disputa de "la joya de la corona", el manejo de la ciudad capital, me parece que en el debate televisivo de esta noche comenzará a perfilarse al próximo alcalde. Si gana el FMLN a puro Nayib Bukele, o retiene ARENA con Edwin Zamora un municipio en el que es muy fuerte.

* Director Editorial de EL DIARIO DE HOY