Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

La peligrosa incompetencia

Por naturaleza, el FMLN ha vivido en un mundo en el que parece ser que todo lo importante es la ideología. Dentro de esa sicología, si alguien habla en contra de las "estructuras económicas" y a favor de "la profundización del cambio", debe ser un buen funcionario en cualquier área, y todo el tiempo gastado en reuniones para hablar de estas cosas, debe ser un tiempo bien invertido.

Llevamos ya cinco años y varios meses en los que estos son los criterios de contratación y de asignación del tiempo en el gobierno, y los resultados ya se notan en todas las dimensiones del quehacer nacional. El resultado de tener personas que lo que saben hacer es repetir eslóganes creyendo que así se resuelven los problemas del país lleva a dos problemas: una separación de la realidad y una total parálisis del gobierno. Si el FMLN sigue funcionando de esta manera, vamos a ir entrando poco a poco en una grave crisis causada por la negligencia y la inactividad del gobierno. Los ejemplos de este proceso son ya muy evidentes.

Por ejemplo, está el caso de la epidemia de chinkunguña. La separación de la realidad en este tema se manifestó cuando el Ministerio de Salud anunció que buscaba voluntarios para ir a tratar el ébola en el África. La realidad contestó muy rápidamente de dos maneras. Una, que los voluntarios no podrían ir porque no hablaban ni inglés ni francés. La otra, más siniestra, quedó muy claro que el gobierno no había podido controlar ni siquiera una explosión de chikunguña y dengue que está asolando al país. La negligencia en este campo es imperdonable ya que lo que en El Salvador se ha convertido en una peste casi no ha afectado a los países vecinos que, sin andar hablando de ideologías, han sabido cortar el mal de raíz como se debe.

Otro problema que se está volviendo cada vez más grave es el del encarecimiento continuo del frijol. La separación de la realidad se manifestó cuando el gobierno, cuya educación sólo le permite reaccionar en términos ideológicos, echó la culpa del problema a "especuladores que querían enriquecerse con el hambre del pueblo". Cuando quedó claro que no existían estos especuladores, y que los únicos que habían estado financiando la siembra del frijol para vender las cosechas afuera del país habían sido los de Alba Alimentos, el gobierno decidió quitar los aranceles al frijol para promover su importación. Pero, dominado siempre por la ideología, el gobierno ha seguido buscando y amenazando a los que importan y venden frijoles porque (necesariamente) tienen inventarios del producto, interpretando que estos inventarios son prueba de que están acaparando. Con este comportamiento, el mismo gobierno está desincentivando que la gente importe frijoles cuando faltan, ya que los potenciales importadores temen que, si los importan, los van a acusar de acaparadores cuando los tengan en bodega.

Esta manera ideológica de ver las cosas no sólo causa problemas tan serios como éstos sino también proporciona excusas que protegen a los funcionarios contra los reclamos de sus conciencias, tales como decir que hay que darse cuenta de que las epidemias de dengue y chinkunguña son causadas por factores estructurales como la falta de viviendas dignas. Esa es una excusa en el estilo de justificar cualquier incompetencia, ya que las viviendas en Guatemala, Honduras, Nicaragua y muchos otros países latinoamericanos no son mejores que las de El Salvador y sin embargo no sufren de estas pestilencias. La diferencia no la hacen las casas sino la competencia o incompetencia de los funcionarios.

La falta de frijoles y el gran impacto que han tenido en la población las epidemias de dengue y chikunguña son consecuencias de la idea que el FMLN tiene de que para resolver los problemas del Estado lo único que se necesita es hablar usando ciertas palabras supuestamente revolucionarias y prometer que "se profundizará el cambio". Es hora de que se den cuenta de que la vida no es así y busquen conocimiento y experiencia para que les ayuden a manejar el país. Si no, el costo de la ignorancia de los gobernantes será demasiado grande para el pueblo.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.