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La peligrosa fusión de las crisis

La precaria situación que se pronostica para el área rural tiene, por lo tanto, el potencial de consolidar la expansión, control e influencia de las pandillas en esos lugares

Durante mi infancia, como muchos de mi generación, fui fiel seguidor de muchas caricaturas trasmitidas por los canales salvadoreños. Recuerdo esperar con ansias frente al televisor mientras terminaba la franja comercial y empezaba la programación. Esas caricaturas fueron la fuente de donde saqué a muchos de los héroes y villanos a los que emulaba con mis compañeros de juego. Definitivamente, esos programas marcaron a mi generación. 

Hace unos días, conversaba en un tono muy solemne y serio con un contemporáneo, a quien no conozco muy bien, pero que admiro por su capacidad de desarmar ambientes tensos con acertados y graciosos comentarios. El tema de nuestro intercambio era la precaria situación del país. Después de un rato de estar discutiendo los lamentables síntomas de los que padece nuestra Patria, los dos terminamos con una expresión de preocupación en nuestros rostros, pero mi interlocutor la transformó. Cortó el silencio en el que nos habíamos acomodado, mientras reflexionábamos lo grave de lo que habíamos planteado en la conversación, me volvió a ver y me dijo, en el mismo tono que había caracterizado nuestra plática hasta ese momento: “No, si es que estamos fregados. Ahorita, ni nos saca de este hoyo”. 

Gracias a esa broma, logramos cambiar el tono de nuestra interacción y despedirnos con una sonrisa en lugar de decir adiós con caras largas. La preocupación, sin embargo, persiste. La ansiedad crece a medida las crisis que se experimentan en diversos frentes se agudizan y no se identifican liderazgos capaces de enrumbar el barco hacia aguas más tranquilas y los funcionarios actuales constantemente evidencian su falta de idoneidad para los cargos que ostentan. 

Los problemas que hasta el momento estaban relativamente aislados, empiezan a interactuar y a aumentar, por lo tanto, de forma exponencial sus consecuencias y magnitudes. La crisis agropecuaria es un ejemplo claro.
 
Según revelaron la semana pasada diferentes asociaciones agrícolas, el sector experimentará este año pérdidas millonarias. Cientos de miles de campesinos y sus familias se verán afectados. Según comentaron diferentes líderes gremiales, esto tendrá un impacto contundente y grave en las zonas rurales. Los dirigentes se quejaron, además, que el gobierno no está enfrentando la situación de forma adecuada, ya que en países vecinos ya se decretó estado de emergencia para acceder a ayuda internacional que será necesaria para superar la crisis y El Salvador es el único que no lo ha hecho.

Durante los últimos años, las pandillas han expandido sus operaciones a las zonas rurales. Especialmente en el oriente del país, en donde la situación agrícola será más complicada. Gracias a la negociación con el Estado y la consecuente evolución delictual de las pandillas, dichas agrupaciones se han convertido en opciones atractivas para jóvenes en los lugares en los que operan. Ofrecen acceso a dinero para quienes estén dispuestos a cometer ilícitos.

La precaria situación que se pronostica para el área rural tiene, por lo tanto, el potencial de consolidar la expansión, control e influencia de las pandillas en esos lugares. Esto, por su lado, tendrá efectos graves para la seguridad pública, ya que implicará una ampliación sustancial de la base social pandillera que avanza de forma acelerada.

El país está en una coyuntura crítica. La exigencia y presión ciudadana debe ser constante y fuerte, para que las instituciones públicas estén en manos de personas capaces y no de aquellas que solo se han destacado por su rol como militantes de un partido u otro.

*Criminólogo.
@cponce_sv