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En peligro de extinción

Las consecuencias de la destrucción familiar son peores que las de una guerra mundial, porque aunque no produce muertes físicas, está produciendo una terrible mortandad espiritual.

Acaba de finalizar el "Sínodo sobre la familia", que se llevó a cabo en la ciudad del Vaticano, presidido por el Papa Francisco y con la participación de más de ciento cincuenta obispos.

Se tocaron temas tales como el matrimonio, el divorcio, y demás temas de trascendencia moral, que afectan de alguna manera al desarrollo de una sociedad.

Y aquí en nuestro país por creernos modernos, hay quienes toman "como obsoleto, como idea cavernaria", defender la vida de un inocente para querer justificar el aborto.

Estamos en realidad tan obsoletos que nos creemos modernos cuando seguimos la corriente de los demás, sin importar lo esencial.

Esto llega a sonar tan irrisorio como cuando se sienten modernos los que utilizan palabras en inglés, como si no fuera lo mismo decir "bacon" que "tocino", aunque tengan la misma grasa.

Y así como vamos perdiendo nuestra identidad, así iremos perdiendo nuestra dignidad.

No se trata, pues, de ser modernos o anticuados; se trata de ser "realistas": ¡si no está en nuestras manos traer la vida al mundo, mucho menos quitarla!

Y por otro lado vemos cómo los rompimientos familiares están enfriando la fe y el amor de muchas personas: lo que conduce a una grave crisis de relaciones.

El concepto de familia se está destruyendo a pasos agigantados.

Hablar de las bodas de plata, de oro, de cristal (esas sí son palabras realmente arcaicas), están "en peligro de extinción" quienes tengan la dicha de cumplirlas.

Cada día son más las familias disfuncionales, que vienen de otros matrimonios y/o que no están viviendo en armonía con la sociedad.

Se ha demostrado científicamente que la ausencia de una de las figuras paternas en un hogar genera distorsión emocional en los hijos. Y así la respuesta de esos jóvenes es una actitud de rebeldía contra toda figura de autoridad, y la consecuencia es la formación de pandillas, adicciones, violencia y todas las secuelas que hoy por hoy padecemos en nuestra sociedad.

La mayoría estamos de acuerdo en que una familia saludable produce una sociedad saludable, un país saludable. Las familias saludables y su testimonio de vida sincera y transparente las atrae a Dios. Las actividades llamativas atraen multitudes pero no necesariamente las atrae a Dios.

La pastoral de la familia debe ser la más importante dentro de la Iglesia, porque en ella se desarrolla la primera Iglesia doméstica. Así mismo el concepto de familia deber ser el más importante dentro de la legislación salvadoreña porque en ella se desarrolla la sociedad.

*Colaboradora de El Diario de Hoy.