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Pederastia, plaga mundial en aumento

El abuso sexual de niños y /o adolescentes de uno y otro sexo es una plaga social que silenciosamente se va extendiendo por todo el mundo.

¿Qué dicen los estudios sobre esta plaga? Wikipedia presenta el de Finkelhor (1994) que muestra que los abusos sexuales a menores constituyen un grave problema que se extiende internacionalmente, siendo Estados Unidos (27 % de las mujeres y 16 % de los varones) y España (22,5 % de las mujeres y 15 % de los varones) los países con mayores porcentajes, aunque incluyen todo tipo de abusos, con definiciones de amplio espectro. El estudio de Gorey y Leslie (1997) con datos disponibles de los últimos treinta años en Estados Unidos concluye que la prevalencia de abusos sexuales es del 22,3 % para las mujeres y del 8,5 % para los varones. Por su parte, Fleming, Muller y Bammer (1997) exponen que entre el 15-30 % de las mujeres y el 5-15 % de los varones han estado expuestos a alguna forma de actividad sexual no deseada durante su infancia.

Estudios más recientes, muestran, en un artículo de la revista Clinical Psychology Review, publicado en 2009 con datos de 22 países, que el índice de pederastia era de 9,2 % en Europa y de 10,1 % en los EE. UU.; en Asia y África, donde la cultura no tiene un fundamento básicamente cristiano, los índices son 23,9 y 34,4 %. Según esa misma fuente, los padres son responsables del 30% de las agresiones, y personas del entorno familiar y escolar provocan otro 60%; sólo el 10% son desconocidos de la víctima.

A juicio del Departamento de Educación de los Estados Unidos, en 2004 un 9,6% de los alumnos de primaria y secundaria había sufrido algún abuso sexual en la escuela pública. Y según la revista Newsweek (7 de abril de 2002), alrededor del 8% de los adultos americanos cometió abuso sexual a niños alguna vez. Con una población de 80 millones de varones entre 30 y 70 años (2011), supone una población total de 6.400 pederastas en los EE. UU.

La BBC (4-5-2010) informaba que en Alemania el 0,8% de sacerdotes católicos están implicados en estos abusos; en los EE.UU., según Philip Jenkins, de la Universidad de Pensilvania --"Pedófilos y sacerdotes: anatomía de una crisis social"--, ese índice es de 0,2%. Lo que, sobre 40.000 sacerdotes católicos (2011), arroja un total de 80 sacerdotes católicos pederastas, el 1,02% del total de pederastas de los EE. UU. Dato muy significativo.

El psiquiatra alemán Manfred Luetz no cree que el celibato católico pueda incentivar este tipo de agresiones sexuales, y afirma que "un padre de familia tiene 36 veces más probabilidades de agredir sexualmente a un niño que un sacerdote célibe." (BBC, 6 de abril de 2010). Y Hans-Ludwig Kröber, director del Instituto de Psiquiatría Forense de la Universidad Libre de Berlín, que se proclama ateo, ha declarado: "En vista de que los delincuentes de abusos sexuales con menores son extraordinariamente raros entre célibes, no puede decirse que el celibato sea la causa de la pedofilia. El pedófilo no es nunca una persona que se esfuerza por vivir la abstinencia sexual". Otro dato muy esclarecedor: las pólizas de seguros en los EE. UU. no tienen un recargo cuando cubren a niños escolarizados en colegios asistidos espiritualmente por sacerdotes católicos.

¿Entonces…? ¿Tenemos una ONU tuerta que sólo mira con un ojo? ¿O sólo mira lo que le interesa atacar?

El interés de la ONU se concentra, para los EE. UU., en el 1,02% de los pederastas. En cambio el 98,98% de los culpables no merece su atención. Ya señalé en mi artículo anterior que no castigó, ni siquiera investigó, los abusos sexuales realizados por sus Cascos Azules en diferentes países.

La ONU ha sido muy eficaz en su campaña contra el tabaquismo. ¿Podría hacerlo contra la pedofilia? No, la pedofilia es sólo el fruto más podrido de su ética sexual aberrante, que niega la Ley Moral Universal.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com