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Pecadores sí, corruptos no…

La corrupción avanza galopante por todo el mundo. En Honduras se ha revelado el financiamiento de la campaña del actual gobernante con dinero proveniente del presunto saqueo del Seguro Social. La vecina Guatemala ha mostrado en los últimos meses una tensión social como consecuencia de escandalosos casos que involucran a la ex vicepresidenta y a varios funcionarios de gobierno. Brasil fue sacudido con el caso Petrobras, con el que la presidenta Rousseff ha visto caer en picada su popularidad. Los mexicanos fueron sorprendidos cuando se denunció la entrega de lujosas residencias a la Primera Dama por una empresa que posteriormente resultó como contratista del Estado. En el caso panameño se ha acusado formalmente a varios ex ministros del gabinete de Ricardo Martinelli mientras la Corte Suprema de Justicia respaldó la investigación contra este último por supuestos delitos contra la administración pública. Uno de los episodios más ruidosos en la última semana ha sido el de la FIFA en el que se acusa a varios de sus principales funcionarios, incluyendo a su ex presidente, Joseph Blatter, de participar en una oscura red de sobornos y compras de voluntades. 

El impacto de la corrupción en el desarrollo de los pueblos es demoledor. En México por ejemplo, se señala que este flagelo "se come el 2% del Producto Interno Bruto (PIB)". Según el observatorio económico México ¿cómo vamos?, la corrupción le ha costado al país 341 mil millones de pesos al año. Agregan que la inversión productiva en 2014 pudo haber sido mayor en 84 mil millones de pesos en ausencia de corrupción. En España los efectos sugieren un efecto similar. Los indicadores demuestran que en el caso de la península ibérica, la corrupción le cuesta el 1% del PIB, unos 10,000 millones de euros anuales. Bruselas considera que esta práctica extrae 120,000 millones de euros anuales de la riqueza nacional en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). 

Para lidiar con la frustración que les produce esta realidad, los españoles idearon un juego denominado "corruptópolis". Gana quien "llega a ser el más corrupto". La idea de su creadora es demostrar el descontento ciudadano de otra manera y recabar información para que no se olviden los escándalos que sufren los ciudadanos. Solo en 2015, en España se iniciaron 150 casos de corrupción que implican a más de dos mil personas. Los sucesos con más prensa han sido los que involucran el financiamiento ilícito en el Partido Popular, conocido como "caso Gürtel"; el de Iñaki Urdangarin, que afecta a la familia real; el de Jordi Pujol, ex presidente catalán, a quien se le acusa de haber ocultado fondos al fisco durante 34 años en el extranjero, y el de las irregularidades en Caja Madrid, conocido como el escándalo de las "tarjetas opacas", con los que 82 consejeros presuntamente cargaron a la entidad crediticia gastos personales por valor de 15.2 millones de euros entre 1999 y 2012.

En Panamá se afirma que la corrupción equivale a $800 millones anuales o $4 mil millones de dólares en los últimos cinco años. Se calcula que con los dineros perdidos por este delito, en las últimas dos décadas se habrían podido realizar casi dos expansiones del Canal de Panamá, seis líneas de metro, 11 puentes sobre el canal, 10 mil escuelas, 2 mil centros de salud equipados, 200 mil viviendas dignas, entre otros proyectos sociales y de infraestructura. ¿Cuántos casos y cuál es el valor en El Salvador?

La corrupción afecta a todos los principios orientadores fundamentales de la doctrina social de la Iglesia: la dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad, la subsidiaridad y la opción preferencial por los pobres son perjudicados por esta plaga. El Papa Francisco se ha referido al tema desde el inicio de su pontificado: "Pecadores sí, corruptos no" ha dicho en repetidas ocasiones señalando que el pecador, aunque reincida, demuestra su humildad con el sacramento de la confesión en donde recibe el perdón divino, mientras que el corrupto "intenta engañar y donde hay engaño no está el Espíritu de Dios. Esta es la diferencia entre el pecador y el corrupto". El pontífice manifiesta que quien lleva a casa dinero ganado con la corrupción "da de comer a sus hijos pan sucio"; agrega que "el corrupto no percibe su corrupción. Es como el mal aliento, difícilmente quien lo tiene se da cuenta, son los otros quienes se percatan y deben decirlo. Por tal motivo, al corrupto le será complicado salir de su estado. Más que ser perdonado, este mal debe ser curado". 

Pero no basta con el arrepentimiento. La corrupción debe ser perseguida y castigada, y quien pide perdón por estos actos, dice el Santo Padre, debe hacer lo que Zaqueo: devolver cuatro veces más.

*Columnista de El Diario de Hoy.