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La paz siempre es posible

Ojalá ese espíritu de convivencia pacífica y religiosa de Albania pudiera contagiarnos también en El Salvador

Del 6 al 8 de septiembre pasado se realizó en Tirana, Albania, el XXVIII Encuentro Internacional por la Paz, un diálogo interreligioso que se realiza año con año, a partir de la primera convocatoria que hiciera San Juan Pablo II, en 1986. 

Este encuentro reúne a hombres y mujeres representantes de diversas iglesias y comunidades religiosas para intercambiar opiniones sobre distintas problemáticas que aquejan a la humanidad  y  abogar por la no violencia. 

Antes como hoy, en un mundo convulso, con mucha violencia y guerras,  como profetas en el desierto, estos religiosos y representantes de distintas comunidades se reúnen para hacer un llamado a los líderes políticos a que se comprometan a trabajar por construir la  paz para la humanidad.

Su Santidad, el Papa Francisco, en su mensaje al encuentro de Tirana, ha señalado que precisamente porque se basa en Dios, la paz es siempre posible… y que es necesario reafirmar esas verdades hoy, cuando en algunas partes del mundo parecen prevalecer la violencia, las persecuciones y los abusos contra la libertad religiosa, junto a la resignación ante los conflictos que asuelan al mundo. Y nos señala que nunca debemos resignarnos a la guerra y que no debemos ser indiferentes a quien sufre por la guerra  y por la violencia. 

Al participar en ese encuentro, rodeado de cristianos, judíos, coptos, ortodoxos, budistas, musulmanes, suníes, chiítas y representantes de otras religiones, me preguntaba cómo podemos llegar a la barbarie de la guerra sin agotar los esfuerzos de diálogo, de convivencia, de fe, de amor.

Efectivamente, no podemos cerrar los ojos ante los hechos que nos afectan tanto a nosotros como a nuestros semejantes.Por eso, coincido con el profesor Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad San Egidio, en que es necesario crear un nuevo y gran movimiento por la paz; que mueva, que comprometa a las mentes y los corazones, especialmente a los tomadores de decisiones, que la paz siempre es posible y que es nuestra mejor opción.

Al experimentar la armonía, la calma y el orden en Tirana, es difícil imaginar que es la capital de un país que fue desangrado por los coletazos de la guerra de los Balcanes hace menos de un cuarto de siglo y que fue asediada y golpeada por muchas guerras en el pasado reciente.

Durante mi encuentro con el canciller de Albania, Ditmir Bushati, para fortalecer las relaciones político-diplomáticas y desarrollar lazos económicos, comerciales y de cooperación, me comentaba cómo la paz ha sido posible en Albania después de tanto sufrimiento  y coincidimos también en algunas similitudes que tienen nuestros países.

Ambas naciones venimos de enfrentar conflictos armados, ambos somos países en transición y desarrollo de un sistema democrático, tenemos una extensión territorial similar, con una importante comunidad migrante; pero lo más importante aún es que ambos somos la cuna de dos beatos que han aportado su ejemplo, su amor y su fe a la humanidad, me refiero a Monseñor Romero y la Madre Teresa. 

Abrigo la esperanza de que el espíritu del encuentro de Albania contagie al mundo y podamos ir poniendo fin a tanta guerra, a tanta violencia que solamente traen desgracia para la humanidad.
 
Ojalá ese espíritu de convivencia pacífica y religiosa de Albania pudiera contagiarnos también en El Salvador y nos diera además de la convivencia religiosa, la convivencia social que tanto necesitamos para sacar adelante a nuestro querido país, confiando en que la paz siempre es posible y es nuestra mejor opción.

*Ministro de Relaciones Exteriores.