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¿Y la paz mundial?

Querer la paz mundial suena a deseo estereotipado de reina de belleza en las rondas finales de un concurso y sin embargo, cada vez la indiferencia de la sociedad civil es mayor ante las guerras que en su nombre pelean sus gobiernos. Lejos quedó aquella sociedad civil pacifista que en los años sesenta volviera la guerra de Vietnam uno de los mayores costos políticos para el presidente Lyndon Johnson.

La generación del milenio no ha vivido una época en la que en algún lugar del mundo no se esté peleando una guerra. Esto ha creado cierta desconexión e indiferencia ante lo que se percibe como un problema ajeno. Como ejemplo, el estadounidense promedio no sabría mencionar los lugares en los que su país, haciendo uso de sus impuestos, se encuentra interviniendo militarmente. A pesar de que muchas intervenciones militares se intentan justificar con razones humanitarias, cabe preguntarse para qué entonces son necesarias las exorbitantes inversiones en tecnología diseñadas con el único propósito de matar de maneras más rápidas y eficientes.

Según un estudio reciente de la Universidad Brown, el costo de las intervención de USA en Irak, cuyo décimo aniversario se celebró recientemente, ascendió a más de 1.7 trillones de dólares y se perdieron 190,000 vidas. Esta cantidad, que supera al Producto Interno Bruto de varios países en un año, en un contexto en el que el Gobierno estadounidense se mantiene en un estancamiento político en el que buscan encontrar solución a los enormes déficits fiscales, parece una broma de mal gusto.

Nadie duda que aquellos que promueven el crecimiento del aparato estatal con fines bélicos, lo hacen motivados por intereses económicos. Difícilmente aquellos que sufren las horrorosas consecuencias de la guerra como la separación de familias, heridas o muertes, serían tan entusiastas proponentes de tantas intervenciones militares violentas. Sin embargo, la verdadera responsabilidad cae en la sociedad civil y en su indiferencia ante las muertes que en sus nombres causan sus políticos. Se ha vendido como "defensa" el abuso estatal a las libertades individuales de extranjeros, y en nombre de impulsar la democracia se pasa por encima de protocolos diplomáticos y la soberanía de muchas naciones.

Lo irónico es que la generación con mayor acceso a la información se mantiene felizmente ignorante de la manera en que sus gobiernos usan los aparatos estatales de inteligencia para fines políticos, o de las guerras que pelean en nombre de otros, como fue el caso del Batallón Cuscatlán, contingente militar salvadoreño, participando en Iraq. Mientras tanto, paralelamente con esta indiferencia, continúan las muertes de combatientes y civiles en diferentes partes del mundo, por obra y gracia de los políticos de turno, abusando su poder flagrantemente. Lo anterior lleva a pensar que la mejor garantía para obtener un mundo con verdadera paz es la limitación del poder gubernamental, para que los políticos a cargo no lo abusen para matar a otros en nombre de "la defensa del Estado", cuando en realidad lo único que están defendiendo es su poder.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg