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Patria, Pueblo y Justicia

Los tiempos cambian y así debe cambiar también nuestro pensamiento. Debemos ser siempre estudiantes de la historia y aprendices de la realidad. Cada generación enfrenta al mal bajo nuevas máscaras, y es la responsabilidad de cada generación pararse firme ante el mal y luchar por defender su libertad. Es el tiempo de nuestra generación de hacer frente a su responsabilidad.

Vivimos en tiempos confusos y peligrosos. Tiempos de falsos redentores y falsas ideologías. Tiempos de palabras vacías. De falacias y mentiras. Vivimos la herencia de conflictos que ya ni entendemos ni recordamos. Vivimos las consecuencias de aquellos que en su tiempo se llenaron la boca de justicia, pero el alma con rencores y ansias de poder.

Es tiempo hoy que recordemos aquello por lo que vale la pena luchar. Tiempo de limpiar nuestros ojos de telarañas conceptuales. De ver más allá de los discursos y más allá de propagandas. De recuperar la pasión y la lucha por aquello que es justo y que nos hemos dejado olvidar.

Lo primero, es el amor a la patria. Entendiendo que la patria es el pueblo. Que la patria somos todos. El amor a la patria demanda la solidaridad con el pueblo. Nuestra lucha debe ser siempre por mejorar las condiciones de vida de nuestra población. Una lucha contra el hambre, la violencia y la ignorancia. Una lucha contra la pobreza. Una lucha por nuestra gente. Por nuestra patria.

Han traicionado a la patria aquellos que se han vendido a intereses internacionales por sus propias ansias de poder y riqueza. Rechacemos a esos falsos mesías. Rechacemos la fachada socialista. Rechacemos la subordinación al imperio petrolero, que hoy vive sus últimos respiros. Tristes aquellos antiimperialistas por conveniencia, lacayos de viejos y nuevos imperios, esclavos de dogmatismos ideológicos y de conflictos geopolíticos.

Nuestro pensamiento puede ser amplio y diverso: liberales, conservadores, democristianos y socialdemócratas. Podemos diferir y debatir en cuanto a los mejores medios, pero nuestro fin es el mismo. Nacionalistas todos en nuestro amor por lo que nos une: nuestra tierra y nuestra gente. Nacionalistas todos en que siempre anteponemos el bien común al interés particular. Nacionalistas en el conocimiento que debemos trazar nuestros propios rumbos, cosechar nuestros propios éxitos, construir a nuestra propia gente.

El mal: la violencia, la corrupción, el abuso, las mentiras, la pobreza, el hambre, la ignorancia, el sufrimiento; solo se vence trabajando unidos. Aquellos que pretenden dividirnos, que desean engañarnos, que abanderan las causas del pueblo y la justicia pero trabajan únicamente por consolidar su poder y vivir del trabajo del pueblo, nunca podrán solucionar y atender las necesidades de nuestra gente. No permitamos más que sigan dirigiendo nuestra nación al fracaso.

Nuestra gente merece vivir con dignidad y justicia. Debemos retomar el camino al progreso y la paz social. La calidad de vida de nuestro pueblo no incrementará con falsas propagandas y palabras vacías. Requiere de la capacidad y voluntad de dirigir a nuestro país exitosamente. Necesitamos un viraje en la dirección en la que se está conduciendo nuestra patria. Está en nuestras manos lograrlo.

*Colaborador de El Diario de Hoy.