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Patria

Una de las estrofas más inspiradas e inspiradoras del gran José Martí, quien se definió a sí mismo como "un hombre sincero, de donde crece la palma", enemigo de todas las dictaduras, es aquella que dice: "Yo quiero cuando me muera,/ sin patria pero sin amo,/ tener en la mano un ramo/ de flores y una bandera".

El concepto de patria es inefable. No obstante, la Real Academia Española ofrece una definición: "Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos".

Patria es más que eso. Y no nace de la razón sino del sentimiento. "El corazón tiene motivos --dice Blas Pascal-- que la razón no entiende". Los hermanos lejanos lo saben: el sueño americano no borra, aún después de varias generaciones, el recuerdo de su ciudad natal, sus cerros sus ríos, sus volcanes, sus lagos, ni el paisaje marino que vieron sus ojos al despertar a la vida; sus parientes, sus amigos, el vecindario, los árboles y las flores nativas, frescos están en sus retinas y desaparecerán de allí hasta que su vida se apague. "Nostálgicos", llaman los perspicaces comerciantes a los deliciosos alimentos criollos que ofrecen a nuestros compatriotas en el exterior.

Masferrer, nuestro más grande pensador, lanzó desde su periódico "Patria", como un surtidor de estrellas, las obras que no hemos querido escuchar: "Qué debemos saber, "El dinero maldito", "Pan o revólver", "Las siete cuerdas de la lira", El mínimum vital", cuya aplicación elevaría notablemente el nivel cultural de nuestro pueblo. Maestros hemos tenido. Él supo darle a la palabra "Patria", el contenido que le niegan los funcionarios ensoberbecidos que con sus corruptas actuaciones públicas se vuelven multimillonarios en un día, a costa del erario nacional, mutilando el luminoso contenido de ese vocablo mágico.

Una cosa es el patriotismo, sin embargo, y otra el patrioterismo que encierra su concepción del mundo en los estrechos límites de un nacionalismo exacerbado que cuadricula la raza humana en pueblos antagónicos y guerreros que mantienen al planeta en sangrienta ebullición interminable.

En su célebre "Respuesta a los patriotas", publicada en 1932, en el Repertorio Americano de Costa Rica, Salarrué nos alerta contra esa desfiguración, y contra la concepción burocrática de la patria.

"Mis amigos me han dicho: Tú que eres sereno, tú que ves las cosas con los ojos adormilados, tú que estas siempre en la tierra del ensueño, en ese mundo irreal a donde los golpes de la marea aquí abajo no llegan, por lo mismo, por eso, tú debes dar tu opinión en estos momentos en que la patria se encuentra en la indecisión. Apunta tu microscopio y dinos qué ves y cómo lo ves, de algo ha de servirnos, hazlo por patriotismo, dígnate pisar con tus plantas la tierra firme, siquiera por una vez …. Y yo, como contestación a mis amigos, les aclaro que "lo he hecho porque me habéis obligado, porque al fin habéis conseguido distraerme de mi "éxtasis azul impráctico" y hasta habéis logrado indignarme un segundo".

"Yo no tengo patria --dice--, yo no sé qué es patria. ¿A qué llamáis patria vosotros los hombres entendidos por prácticos? Sé que entendéis por patria un conjunto de leyes, una maquinaria de administración, un parche en un mapa de colores chillones. Vosotros los prácticos llamáis a eso patria. Yo el iluso no tengo patria, no tengo patria pero tengo terruño (de tierra, cosa palpable). No tengo El Salvador (catorce secciones en un trozo de papel satinado): tengo Cuscatlán, una región del mundo y no una nación (cosa vaga). Yo amo a Cuscatlán. Mientras vosotros habláis de la Constitución, yo canto a la tierra y a la raza: La tierra que se esponja y fructifica, la raza de soñadores creadores que sin discutir labran el suelo, modelan la tinaja, tejen el perraje y abren el camino".

Y continúa en su "segundo de indignación", que nos recuerda el santo anarquismo de Tolstoi: "La mayor parte de vosotros se dedica en su patriotismo a pelearse por si tienen o no derecho, por si es o no constitucional, por si será fulano o zutano, por si conviene un ismo u otro a la prosperidad de la nación. La prosperidad es para vosotros tenerlo todo, menos la tierra en su sentido maternal. Capitalistas embrutecidos, perezosos y bribones muestran sus caras abotagadas y crueles a no menos crueles comunistas, pedigüeños, sórdidos y rapaces. Mientras estos dos bandos en todos sus grados de intensidad se gruñen unos a otros, nosotros los soñadores no pedimos nada porque todo lo tenemos".

Por mucho que, irónicamente, lo niegue, Salarrué sí tenía patria: Cuscatlán, en términos autóctonos (El Salvador, en términos políticos). Y le rendía tributo no con palabras vanas y discursos de circunstancias, sino con el ejemplo de su propia vida: estoica, serena, digna, ejemplar en todos los sentidos, pues al contrario de esos figurones mediocres y vanidosos que, sin méritos plausibles, tan bien se identifican en nuestro medio y no pueden vivir sin el aplauso, sin el halago y sin la adulación, él dio para los demás lo mejor de sí mismo sin buscar la riqueza ni los honores, ni las acostumbradas retribuciones financieras, que, en su caso, y vista la enormidad de su talento, fácilmente pudieron haberlo llevado a la opulencia, de no haber preferido el solo capital de su sabiduría.

Valgan estas reflexiones en el mes de la Patria.

*Dr. en Derecho.