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¡No pasó nada!

recuentemente escuchamos la frase "¡No pasó nada!" cuando se quiere descalificar a la empresa privada o a analistas económicos que pronostican más desempleo, mayor inflación e incremento en la pobreza, cada vez que se anuncian aumentos en las tasas de impuestos o nuevos impuestos, pues en el pasado se activó la misma alerta y resultó que "no pasó nada". Se concluye, entonces, que éstas eran amenazas infundadas y, por lo tanto, no había nada que temer.

En una reunión reciente del Fondo Monetario Internacional en El Salvador, un exfuncionario de la administración Funes hizo precisamente el comentario anteriormente citado. Bueno, veamos qué significa en realidad "no pasó nada", desde una perspectiva relativista.

Utilizaremos un ejemplo hipotético prestado del fútbol, ahora que está de moda, y de la liga española, que es la más popular en el país. Supongamos que el Sevilla terminó en el puesto 14 de la tabla en la temporada pasada y éste decide contratar a un director técnico, a quien todos consideran un mediocre. Sin embargo, el Sevilla acaba la presente temporada con el nuevo entrenador otra vez en el puesto 14. Pues, aquí, "no pasó nada". En este caso, "no pasó nada" se debe interpretar como fracaso, ya que no se mejoró, a pesar de la nueva contratación. Si, por el contrario, el Barcelona, habiendo terminado campeón (caso imaginario, tómese nota), en la temporada recién finalizada, contrata a un nuevo técnico en quien nadie confía, pero aún así culmina esta temporada como campeón nuevamente, diríamos "tampoco pasó nada". La diferencia es que en este ejercicio ficticio, el Barcelona concluyó tan bien como estaba, a pesar del supuesto mal entrenador.

Es evidente que el que no haya pasado nada o, lo que es lo mismo, que todo siguió igual, no tiene siempre un significado idéntico. Si el punto de partida es uno de bonanza económica y social, el permanecer igual de bien no es problema. Pero, si la implementación de las nuevas medidas tributarias parte de una situación fiscal pésima donde, además, los índices macroeconómicos y los indicadores de competitividad del país se han venido deteriorando desde hace más o menos siete años; aquí, sí hay que preocuparse.

No es ningún consuelo afirmar lo que dijo este ex funcionario del gobierno de Funes, "que la empresa privada siempre dice lo mismo y nunca pasa nada", pues el objetivo de esas medidas fiscales no era continuar igual de mal, sino crecer, crear empleo, reducir la pobreza e invertir más en "lo social". No tiene ningún sentido aumentar impuestos sin retribuir ningún servicio a cambio. Se puede llegar al absurdo de crear un impuesto que sólo cubra los costos adicionales de cobrar el impuesto. Hay que recordar que casi todo nuevo tributo conlleva más burocracia; llámese ésta nuevos empleados, oficina, mobiliario, papelería, programas informáticos, registros contables, auditorías, etc. Se podría dar el caso extremo de que, por ejemplo, en aduanas se cobre un nuevo impuesto que alcance únicamente para mantener la planilla y gastos de los cinco empleados contratados para recaudar el nuevo tributo.

Hace años en Houston, Texas, la ciudad decidió comenzar a cobrar por la entrada al parque zoológico. Al año de haberse implementado el cobro se hizo un balance y resultó que se había recaudado apenas un poco más de los gastos increméntales incurridos. Con base en este análisis, se decidió ya no cobrar más por la entrada y se volvió a la situación anterior. Moraleja: no valía la pena cobrar por la entrada, si los ingresos no superaban los egresos en forma apreciable, como para realizar mejoras en el parque zoológico. En otras palabras, "no pasó nada", ¡el cobro fue un rotundo fracaso!

La próxima vez que usted escuche que no va a pasar nada al aumentar la carga tributaria, póngase a pensar en cómo estamos, para ver si vale la pena hacer algo que no nos mejore en nada.

*Asesor Financiero MBA, Wharton School.F