Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

El pasado y el presente de la política salvadoreña

Costó una crisis prolongada a través de varias derrotas para convencer a ARENA de que el mundo ha cambiado y de que nuevas caras, nuevas ideas y nuevos estilos de organización son necesarios para enfrentar los nuevos retos que presenta nuestra sociedad. Pero al fin se está logrando. Hay muchas personas nuevas en los diputados electos en estas elecciones, y sus puestos han sido definidos en gran medida por el voto popular, no por las listas de la cúpula.

Hubo una época en el país en el que la gente se sentía apocada ante las elecciones y, tanto en la izquierda como en la derecha, buscaban patrones que les dijeran por quién votar. Tímidos, inseguros en la nueva democracia, preferían depositar en esos patrones el poder para tomar todas las decisiones, para nombrar los candidatos y el orden en el que serían electos, para determinar qué es lo que harían una vez en la Asamblea. Esto era la época en la que el país era 60 por ciento rural y en el que la pobreza también era el 60 por ciento de la población. Ahora el país es predominantemente urbano, la gente está más educada, y la clase media es mucho más grande que la clase pobre. Esta nueva población ya no acepta las maneras del pasado. Ya quiere voz en quienes son los que van a quedar electos, no solo en términos de partido, sino en términos de las personas específicas. Ya no quieren ser sujetos pasivos en el proceso democrático.

ARENA se abrió al voto por rostro y cruzado, pidió que la gente votara por persona, hizo propaganda por persona, y con eso se abrió a lo que ya es la parte más moderna de los votantes y a lo que será la totalidad de los votantes en un futuro cercano. El partido se ha diferenciado así de una manera radical del FMLN, que todavía mantiene a los mismos líderes que emergieron con la guerra, hace casi cuarenta años, y que todavía buscan obediencia ciega pidiendo votos por bandera.

Lo que está emergiendo es un contraste entre un FMLN del siglo pasado y una ARENA más moderna y vital, menos caudillista, menos basada en obediencias y lealtades a cúpulas, más basada en lealtades al pueblo y a los ideales del partido, más diversa y por tanto más creativa. Como en los primeros pasos en cualquier transición, mucho de lo que se ve venir es todavía promesa. Vienen muchos días de aprendizaje, vienen errores, viene el necesario acoplamiento de las nuevas y las viejas generaciones. Pero las bases están sentadas para que el partido crezca, se fortalezca y se convierta en un eje principal del futuro del país.

Este cambio no debe detenerse nunca. Así como el país no deja de transformarse, un partido que quiere ser relevante tiene que cambiar perpetuamente, no en sus ideales, pero sí en sus ideas y en sus líderes. ARENA tiene que crear semilleros de esas ideas y de esos líderes invitando a la ciudadanía a clubes de debates que sirvan para discutir seriamente los problemas del país y sus soluciones, para mantener una conexión continua con el pueblo y para que afilen sus habilidades políticas los nuevos líderes que irán surgiendo para los años por venir. El partido debe estar vivo, y vivir adentro de la sociedad, jamás aceptando separarse de ella como en un momento sucedió.

Como está pasando en Cuba y que pasó en la ahora difunta Unión Soviética, los líderes del FMLN se han ido separando de la ciudadanía, hablando con un lenguaje cada vez más anticuado, y esperando obediencias que ya las generaciones nuevas no están dispuestas a conceder. Por un tiempo, la disciplina férrea del fanatismo todavía les dará ventajas en algunos casos, pero cada vez estos casos serán menos, y tendrán que modernizarse o desaparecer.

La ciudadanía debe asegurarse de que, viendo su declinación, el FMLN no decida quedarse en el poder a como dé lugar.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.