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La paradoja del discurso anti-policía

Rafael Ramos y Wenjian Liu, policías de Nueva York, fueron asesinados el pasado veinte de diciembre dentro de su carro patrulla en el vecindario de Bedford-Stuyvesant de Brooklyn. Ismaaiyl Brinsley, el agresor, se aproximó a la ventana del pasajero del vehículo, sacó su arma y disparó varias veces en contra de los policías, huyó del lugar y, posteriormente, se suicidó en el tren subterráneo. Brinsley, ese mismo día, asesinó a su novia en la ciudad de Baltimore y viajó hasta Nueva York para atentar contra los policías.

Antes de cometer la agresión, utilizó el teléfono de su novia para subir un mensaje en las redes sociales: "Hoy le pondré alas a cerdos. Nos quitan a uno de los nuestros… quitémosle a dos de los suyos", y finalizó etiquetando su comentario con los nombres de Erik Garner y Michael Brown, dos afroamericanos que murieron en el contexto de altercados con policías de Nueva York y Ferguson. Ambos hechos generaron cadenas de protestas masivas, que progresivamente se radicalizaron, transformando sus reclamos en discursos anti-policía.

Muchos políticos estadounidenses contribuyeron a la radicalización de las protestas, adoptando posturas y discursos incendiarios en relación a los dos incidentes, que propiciaron una actitud de confrontación entre ciudadanía y policía, proyectando a los policías como personas racistas, parcializadas y conspiradoras. Hasta el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, cayó en este error, apoyando las protestas derivadas de la muerte de Erik Garner en contra del Departamento de Policía subordinado a su oficina. De Blasio está casado con una afroamericana y llegó al extremo de externar públicamente que él mismo advierte a su hijo sobre los peligros a los que supuestamente está expuesto con la Policía debido a su color de piel. Esta actitud, después de los homicidios de Liu y Ramos, ha ocasionado el repudio generalizado en contra del alcalde dentro de la Policía y en sectores importantes de la ciudad.

Polémicos incidentes como de Garner y Brown, en los que las acciones policiales son consideradas por ciertas personas como excesivas, sirven de trampolín para que afloren posturas anti-policía de entidades y generadores de opinión que tradicionalmente albergan sentimientos negativos en contra de los cuerpos de seguridad. Las pasiones que acompañan sus discursos alejan la situaciones que denuncian del análisis técnico y, por lo tanto, de su corrección efectiva. Sin embargo, las acercan y sumergen, con mucha pericia, en estériles debates ideológicos-partidarios, disminuyendo así las probabilidades de que sean estudiados y abordados de forma adecuada. Esto, a su vez, tiene el potencial de generar un efecto bola de nieve a través del cual las posiciones se radicalizan y, en consecuencia, se crean las condiciones para que se den incidentes anárquicos como en el que resultaron asesinados Ramos y Liu.

Jaden Ramos, hijo de uno de los policías, se despidió de su padre con un emotivo mensaje en las redes sociales, que concluyó: "Es horrible que maten a alguien sólo por ser policía. Todos dicen que odian a los policías pero son las personas a quienes les hablan cuando necesitan ayuda. Siempre te amaré y nunca te olvidaré". Jaden, de sólo trece años, señala con impresionante precisión la hipocresía de quienes viven en países democráticos y tienen una postura o comentario irreflexivo anti-policía, aprovechando cualquier oportunidad para propagar una actitud en contra de los policías, pero que los llaman sin pensarlo cuando necesitan ayuda. Es una lástima que hechos como el de Ramos y Liu pasen para que realicemos este tipo de paradojas y apreciemos el trabajo de los policías. No obstante, lo más preocupante es que en El Salvador las pandillas han asesinado a casi cuarenta policías y aún hay personas que, por instinto y sin mayor sustento, aseguran que la culpa es de los mismos policías por presuntamente maltratar a pandilleros, pero no dudan en llamar a los supuestos "villanos" ante algún problema.

* Columnista de El Diario de Hoy.