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Para los que se abstuvieron de votar

¿Qué ganaste con no votar? Esa es la pregunta que ha quedado colgada en el ambiente, una vez que se han conocido los resultados de las votaciones del pasado 2 de febrero. Para mi sorpresa y sorpresa de muchos, un 46.5 % de los salvadoreños con capacidad de emitir su voto, simplemente, se abstuvo de votar, por lo que te pregunto de nuevo, ¿qué ganaste con no votar?

¿Te satisface a ti que el 50 % más uno de los salvadoreños, te imponga el gobierno que va a dirigir no solo tu país, sino posiblemente tu vida económica, política, familiar, así como administrar tus libertades para los próximos cinco años y, quién sabe, quizás muchos más?

Temblaría solo de pensar que otro --u otros-- me impusiera, aún de buena fe, a su solo criterio, qué es lo que sería bueno para mí, mi familia o mi empresa. Considero que es mi obligación decidir de forma directa y responsable, todo lo que pueda afectarme a mí o a cualquiera de las personas que se encuentran bajo mi responsabilidad o mi "círculo de protección", hacerlo de otra forma, es decir, delegar en un tercero que decida sobre mí, me parece no solo una acción profundamente indolente e irresponsable, sino, en algunos casos --como lo es el de abstenerse a votar-- raya en lo cobarde.

Habrá otras latitudes en las cuales, independientemente a que gane uno u otro partido o tendencia política, implica nada más una aceleración o desaceleración de una sana economía, una tasa mayor o menor de la carga impositiva; lamentablemente en El Salvador se está discutiendo muchísimo más que eso, lo que realmente está en juego es nuestra libertad versus la pérdida de la misma; la permanencia de nuestras libertades republicanas versus convertirnos en un satélite de Cuba o Venezuela; conservar nuestra libertad para cultivar nuestra iniciativa privada versus imponer la dirección estatal con sus funestas consecuencias de fomentar la corrupción, incapacidad y clientilismo político.

Si la mayoría del pueblo salvadoreño quiere decantarse por un gobierno más al estilo del chavismo que a un gobierno que respete las libertades individuales, ¡pues que así sea!, ¡pero que lo diga! Dejar que el país se vaya al abismo, solo porque me dio pereza ir a votar, dejar que en nuestro país perdamos las libertades porque preferí irme al mar en vez de votar, va más allá de la indolencia, raya en la irresponsabilidad criminal.

Te quiero recordar querido votante, que el derecho a votar no es gratuito. En nuestro país hemos tenido que luchar para mantener las libertades civiles para que la democracia se consolide y la alternancia pacífica del poder, sea un hecho. Pero no en todos los países es posible mantener la democracia a largo plazo, la historia nos lo dice: cuando el pueblo se olvida de sus libertades, simplemente las acaba perdiendo.

Querido lector: Estoy seguro que nunca te abstendrías de corregir a tu hijo, no te abstendrías a pagar tus deudas, no te abstendrías de cumplir tus obligaciones laborales o profesionales, no te abstendrías de enviar a tu hijo al colegio "porque ninguno te convence"; cumplir con esas obligaciones que te he listado, te hacen e identifican como la persona que eres, si no te abstendrías de cumplir ese tipo de obligaciones que te afectan a ti o a tu familia; te pregunto ¿cómo es que te abstienes de cumplir con tu derecho sagrado de elegir a quiénes te van a gobernar, cuando esa decisión no solo afectará a tu familia sino a toda la sociedad?

Tenemos que analizar lo que realmente ocurrió en las elecciones del 2 de febrero: Si votó un 53.5 % de salvadoreños con capacidad para votar, implicaría que nos gobernaría un "tipo de gobierno" electo por la "mitad más uno" de esos salvadoreños, por lo que nos estaría gobernando un Presidente electo por un poco más de 26.75 % de los salvadoreños con capacidad para emitir su voto, es decir, ¿realmente quieres que te gobierne un estilo de gobernante electo por una cuarta parte de tus compatriotas? ¿Qué tipo de legitimidad tendría un gobierno electo sobre ese porcentaje de electores?

Conversando con una amiga ecuatoriana, me explica que en el Ecuador votar no es una opción, sino una obligación legal; en El Salvador no hemos llegado a ese punto, quizás todavía somos muy inocentes e idealistas, quizás todavía creemos que todos preferimos la libertad, el progreso y la democracia, a la tiranía y planificación centralizada, cuyos nefastos efectos podemos ver en Cuba y Venezuela, quizás todavía somos inocentes al creer tanto en ti, al creer que tú puedes y quieres tener un mejor El Salvador.

El voto, como expresión del pueblo libre, es sagrado, por lo que esperamos que este próximo 9 de marzo, esa voz del pueblo se escuche de forma contundente y que no sea una minoría que nos imponga un buen o mal gobierno: salvadoreño hazte escuchar en estas próximas elecciones, no solo es tu derecho, ¡es tu deber!

*Colaborador de El Diario de Hoy.