Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Para alguien más

Celebremos con alegría, pero no olvidemos a los que padecen angustias, a los que no están con sus seres queridos, a los que buscan hijos, padres o hermanos. Los que enfrentan problemas

Parece que fue hace un par de meses cuando estaba escribiendo para la Navidad del 2014. El tiempo voló, y diciembre está pasando tan rápido que en un suspiro estaremos nuevamente celebrando esta fecha tan especial.

No voy a recordar, como en otras ocasiones, las navidades de antaño ni evocar las sensaciones que estas fechas nos traían cuando éramos niños. Sin duda son para muchos recuerdos felices, que vuelven a colocarnos en medio de seres muy queridos que ya no están. Nos inundan de nostalgia y de gratas memorias que, aunque cada vez se alejan más, retenemos porque de alguna forma son parte de lo que ahora somos.

En esta ocasión voy a centrarme en esta Navidad y en el espíritu que debe tener. Estaremos celebrando, junto a amigos y familiares la Nochebuena, deseando a todos ellos dicha y prosperidad. Es natural, los seres cercanos son los primeros en nuestros corazones y nuestro afecto siempre está con ellos. El periodo de descanso es también algo que merecemos luego de todo un año de arduo trabajo y fatigas.

Pero si deseamos que el espíritu de la Navidad nos llene debemos pensar en otros que necesitan algo de este sentimiento, de nuestro deseo de paz y bendiciones, que es la esencia de esta celebración.

Por eso, en esta Navidad, que los buenos deseos no queden solo en nuestro círculo sino que lleguen a personas tal vez lejanas o desconocidas, que son también hermanos, hijos del mismo Creador.

Charles M. Schulz, el autor de Peanuts (sí, de Snoopy y Charlie Brown) dijo que “Navidad es hacer algo extra por alguien”. Cuánta razón tenía, pues ese es precisamente el sentido. Ya haré algo tangible por alguien, que no contaré porque lo que uno hace lo debe de hacer en silencio.
Desde estas líneas lo que es posible es motivar a la reflexión, y ojalá a la acción, hacia aquellos no tan afortunados, y llevarles un mensaje del espíritu navideño.

Pienso por ejemplo en las personas que estarán en los hospitales, en los niños y adultos que pasarán la Navidad en quimioterapia o en diálisis, o en otros enfermos graves abatidos por la incertidumbre y el dolor. En las madres, padres y hermanos de estos pacientes que pasarán con ellos o estarán en sus pensamientos. En los que dejarán la cena navideña de sus casas para cuidarlos; que Dios les recompense su sacrificio. En los que acaban de recibir noticias de diagnósticos graves o están a la espera de resultados de exámenes que podrían marcar su destino. Cuando vayamos a celebrar fijémonos durante el camino en las casas con puertas cerradas y luz tenue y meditemos que tal vez detrás de esas puertas hay personas atribuladas, y deseémosles el bien. Tomémonos un poco de tiempo para pensar en las personas que están en la cárcel y que sufren soledad, miedo e incomodidad. Deseemos, y si es posible hagamos algo, para que el sentimiento que trae esta época llegue a cada rincón de nuestro país, a los que lo necesitan más, recordando que Jesús nació para todos, y que su amor puede redimir.
 
Celebremos con alegría, pero no olvidemos a los que padecen angustias, a los que no están con sus seres queridos, a los que buscan hijos, padres o hermanos. Los que enfrentan problemas. Pensar en los que sufren, compartir con los menos afortunados. ¿Qué mejor espíritu de Navidad que ese?


*Médico psiquiatra.
Columnista de El Diario de Hoy.