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El papel de la empresa privada en el desarrollo humano

El desarrollo humano es definido como la expansión de las capacidades de las personas que aumentan sus opciones y oportunidades. Plantea que las capacidades de las personas se crean durante toda la vida y que se deben fomentar y mantener; porque, de lo contrario, pueden estancarse. También sostiene que la expansión de las capacidades en cualquier etapa de la vida de las personas depende en gran medida de las inversiones realizadas en las etapas anteriores. En tal sentido, cuando las inversiones en capacidades se realizan en una etapa más temprana, las perspectivas futuras para gozar de una vida plena son mayores que cuando estas se postergan o no se realizan. Destaca, además, que hay períodos de cambio especialmente sensibles en la vida de las personas, en el sentido que las crisis o acontecimientos adversos pueden tener mayores repercusiones; estos son: los primeros 1.000 días de vida y las transiciones del ámbito educativo al laboral, y de éste a la jubilación.

Se estima que uno de sus principales méritos ha sido precisamente volver a colocar a las personas al centro del proceso de desarrollo de los países: parte de que el desarrollo lo hace la gente, se logra desarrollando la gente y debe ser para la gente. Diferenciándose así de la lectura economicista, que define el desarrollo como el aumento sostenido del producto per cápita; de la lectura tecnológica, que lo concibe como el control creciente sobre la naturaleza; de la lectura marxista, que lo considera como el resultado del cambio en las relaciones sociales de producción; así como de la lectura funcionalista, que lo visualiza como el cambio en las estructuras de la sociedad.

En el caso del Estado el papel que le corresponde jugar para promover el desarrollo humano es claro que consiste en asegurar que se hagan las inversiones suficientes y oportunas a lo largo de la vida de sus habitantes en aquellos factores que les permitan desplegar sus talentos y capacidades y en crear las condiciones socioeconómicas, políticas y ambientales requeridas para que esas capacidades se transformen en oportunidades reales.

¿Pero cuál es el papel que le corresponde a la empresa privada? Probablemente es menos claro, sin embargo, pueden identificarse al menos ocho aspectos:

El primero, es la disposición que debe tener el empresariado de contribuir a edificar una nación provista de aspiraciones y valores compartidos con el resto de la sociedad, como por ejemplo, ser una nación pujante, cohesionada, resiliente, responsable y productiva.

El segundo, es su disposición a suscribir acuerdos nacionales. Particularmente importante es su involucramiento en la construcción de una visión de futuro para el país y en la viabilidad del pacto fiscal requerido para impulsar dicha visión.

En tercer lugar, es indispensable que el sector empresarial, ojalá junto al sector laboral y al gobierno, se comprometa con impulsar un sistema de eficiencia salarial, que no es más que apostarle a aumentar sostenidamente no sólo la productividad y la competitividad, sino también el empleo y los salarios

El cuarto aspecto es que los empresarios también deben asumir la responsabilidad social empresarial como práctica cultural. No olvidar que la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental que hacen las empresas también contribuye a mejorar su situación competitiva, su valor agregado y su imagen.

El quinto es que siendo el principal generador de empleos, el empresariado debe también asumir el compromiso de apostarle a la universalización del trabajo decente, ya que como decía Franklin Delano Roosevelt: "No hay razón para que vivan en la pobreza quienes se ganan la vida trabajando".

El sexto aspecto es que la empresa privada también tiene la responsabilidad de participar activamente en el diálogo tripartito con el sector sindical y el Estado con el propósito de establecer un clima de cooperación en el abordaje de cuestiones de interés común relativas a las políticas económicas y sociales

El séptimo se refiere a que el sector privado debe mantener un diálogo y apoyo permanente con el sistema educativo con el fin de garantizar la pertinencia de los contenidos curriculares y facilitar la inserción laboral de los jóvenes.

Finalmente, la empresa privada también debe de jugar un rol activo en investigación y desarrollo mediante el establecimiento de alianzas con universidades y con el Estado para tal fin. De hecho, es inconcebible que haya universidades que no hacen investigación. Sin embargo, también es inconcebible que las universidades realicen investigación sin la participación de las empresas, pues de ellas depende que las investigaciones no mueran en la academia y que, por el contrario, se conviertan en proyectos con impacto social, económico y productivo para un país.

*Economista Jefe PNUD.