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Pañalito de Jesús

¿Por qué no todos creen en Dios? “Quizá es porque no se han encontrado con creyentes felices y que tengan ganas de dar testimonio de su fe. Quizá se hayan extrañado ante las injusticias cometidas por quienes dicen creer en Dios".

Ella se acerca y pregunta por qué Jesús tiene un pañalito. “Porque necesita cubrirse”, le respondo sin pensar. “No me has entendido”, respinga. “Te he preguntado por qué, si es Dios, solo tiene un pañal. Yo todas las noches me pongo una piyama para dormir y no paso frío”. La observación tiene, en paralelo, la limpieza del asombro y la profundidad del realismo. Opto por sentarme a su lado.

“A ver, princesa… ¿Por qué crees tú que Jesús no tiene una piyama?”. Se queda pensando, con esa seriedad reflexiva que únicamente en los niños se ve natural. “Dice mami que la Virgen y José no tenían dinero para comprar muchas cosas. Tal vez por eso solo hay un pañal para el bebé”. “Bien”, le digo, “¿qué habrías hecho tú si hubieras estado en el pesebre aquella fría noche?”. Vuelve a ponerse seria. Observa al niño acostado y pone un dedito en la sien antes de responder, con una alegría espontánea y vital: “¡Le habría dicho a la Virgen que no se preocupara, porque Jesús es dueño de todos los pañales del mundo!”.

El sorprendido ahora soy yo. “Bueno sí, pero…”, balbuceo. Ella reacciona con agilidad. “¡Ay, papi! ¿Que no te acuerdas que el año pasado el niño Jesús me trajo una piyama para Navidad?”. Casi cinco años de existencia son suficientes para sacar conclusiones de esta naturaleza. Yo mejor me callo. Seguro que mi esposa tendrá respuestas más adecuadas.

¿Quién es Dios? ¿Dónde vive? ¿Quién lo creó? ¿Por qué no todo el mundo cree en Dios y nosotros sí? ¿Por qué hay varias religiones? ¿Por qué me dices con frecuencia que Jesús murió por mí? ¿Qué es la muerte? ¿Por qué Dios, si es tan bueno, permite el sufrimiento? ¿Por qué hay tantos hombres malos? ¿Por qué Dios, en definitiva, deja hacer el mal?

Todas preguntas legítimas que alguna vez nos hicimos y que ahora aparecen, como un eco, en las bocas de nuestros hijos. Un jesuita belga, Charles Delhez, ha reunido 101 de estas interrogantes infantiles y ha tratado de responderlas. El resultado es un libro amenísimo para leer en familia. Y como estamos en una época propicia para volver a ser niños  -- aunque estemos cargados de años y dolo-  res--, me permito copiar algunas líneas del padre Delhez para recordar que la sencillez sigue siendo condición indispensable para acceder al gran misterio de la Navidad.

¿Por qué no todos creen en Dios? “Quizá es porque no se han encontrado con creyentes felices y que tengan ganas de dar testimonio de su fe. Quizá se hayan extrañado ante las injusticias cometidas por quienes dicen creer en Dios. Quizá también porque, cuando se cree en Dios, hay que cambiar de vida, amar de verdad, pensar en los demás, sacrificarse, abandonar las malas costumbres… O quizás es porque nadie ha conseguido hablarles de Dios con palabras que satisfagan su inteligencia… En definitiva, el motivo por el que no todo el mundo cree en Dios constituye el misterio de la libertad de cada cual. Dios no obliga a nadie a creer en él, porque no ha creado marionetas, sino seres libres”.

¿Por qué el sufrimiento si Dios es amor? “Hay preguntas que jamás encuentran respuesta. Y ésta especialmente. A la luz del Evangelio es posible, sin embargo, descartar falsas explicaciones. No, el sufrimiento no es un castigo que Dios nos envía, ni es la prueba de que el mundo está mal hecho… No, Dios no quiere el sufrimiento. Él es el primero en sufrir. Y cuando se hizo hombre no se lo ahorró: Jesús murió en la cruz. Cuando sufrimos, Dios está a nuestro lado. Para el creyente, una cosa es segura: cuando lucha contra el sufrimiento no lucha contra Dios, sino con Él”.

¡Ah, la sencillez! Esta noche, al irme a dormir, me ha conmovido ver la figurilla de Jesús envuelta en un pequeño calcetín blanco.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.