Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Pan, circo, chocolates y tagadá

A Nayib no lo quiero retar a subirse a un juego mecánico. Yo le propongo un reto más trascendental: que ocupe su liderazgo de una manera positiva en la política de El Salvador

Gran conmoción causó en las redes sociales el reto entre Nayib Bukele, alcalde de San Salvador y el álter ego de un locutor de radio a subirse a un popular juego mecánico en el campo de la feria.

El alcalde ha sido criticado por muchos de sus detractores, quienes han calificado esta acción como un show. Yo no le veo ningún problema a eso. Al contrario, es bueno que las figuras públicas del país se tomen de vez en cuando un tiempo de esparcimiento y se acerquen a la población. Me parece muy buena estrategia de los políticos para poder verse más humanos o cotidianos y así captar la atención de sus seguidores cuando se refieren a temas más importantes.

Nayib es muy criticado por sectores de la derecha  -e incluso por algunos de la izquierda-  debido a su popularidad y por haberse convertido en un virtual candidato a la presidencia en 2019.  En realidad, creo que muchos en la derecha lo critican tanto sencillamente porque no fueron ellos quienes encontraron primero a un ‘Nayib’. Estoy seguro de que si la derecha lo hubiera encontrado antes, no estarían criticando nada. Pero, desafortunadamente para la derecha, aún no han encontrado a esta figura. La siguen buscando.
 
Yo no cuestiono a Nayib Bukele por su magnífica campaña de relaciones públicas ni por estar en contacto directo con sus seguidores (y no hablo solo de las redes sociales), él está en su derecho a hacerlo y creo que lo hace muy bien. Lo que yo sí le cuestiono y critico a Nayib Bukele es la manera en la que se está aprovechando de su liderazgo y popularidad entre los jóvenes para crear divisiones. Me molesta ver la manera en la que está sembrando cizaña y resentimiento entre los salvadoreños. La generación de nuestros padres está dividida, los dividió la guerra. Pero todos los jóvenes de hoy  no vivieron la guerra, a ellos no los ha dividido un conflicto armado.
 
A Nayib no lo quiero retar a subirse a un juego mecánico. Yo le propongo un reto más trascendental: que ocupe su liderazgo de una manera positiva en la política de El Salvador, que eleve su discurso, y en vista de su popularidad en las redes sociales que  condene el “cyberbullying”. 

¿A qué me refiero con “cyberbullying”? A todas esas cuentas en redes sociales en las que la mayoría del contenido coincidentemente tiene que ver con él y donde atacan a cualquiera que se pronuncie para cuestionar o criticar la gestión de Nayib. Me cuesta creer que esas y otras cuentas hayan salido de manera espontánea y que sean financiadas por medio de donaciones de sus seguidores (porque tienen mucho de su contenido pagado). Por lo tanto, lo reto a que condene este tipo de páginas y perfiles  que sólo logran que la gente se insulte por pensar diferente. Quedarse callado en esto es un poco cobarde. 

Nayib Bukele tiene ya la atención de miles de jóvenes, ya sea por los chocolates, por el tagadá, o por lo que sea. Tiene lo que muchos políticos quisieran tener: verdaderos seguidores. Pero con eso tiene también una gran responsabilidad en sus manos. Y es a eso a lo que quiero apelar. A su sentido de responsabilidad como figura pública. 

La única manera en la que Nayib nos demostrará que está rompiendo esquemas no será por regalar chocolates en lugar de dulces como sugirió un periódico electrónico, sino que será cuando acompañe sus buenas obras con un liderazgo positivo y deje de crear divisiones y utilice su popularidad para conciliar y para unir a esta sociedad.
  

*Emprendedor salvadoreño.
@aatanacio