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El país que quieren: con el 80 % dependiendo del gobierno

"'La Tarjeta Solidaria expresa la solidaridad del Gobierno de la República con los pobres', afirmó el mandatario. Detalló que en este mes de noviembre y en diciembre próximo se estará entregando la Tarjeta Solidaria a un aproximado de 1.3 millones de hogares beneficiados con el subsidio al gas, lo que representan más del 80 por ciento del total de los hogares salvadoreños".

Palabras del señor presidente. Citada de la pagina Web de Casa Presidencial.

Lo increíble es que el mandatario lo afirma sin ninguna pena o autocrítica. No lo ve como problema, sino como su mayor logro como presidente.

¿Qué está diciendo? Bueno, nuestro presidente está diciendo que los 1.3 millones de beneficiados del subsidio al gas representan el 80% de los hogares del país. Entonces, Funes está reconociendo que en el quinto año de su gobierno el 80% de los hogares salvadoreños es tan pobre que no podría preparar su comida familiar sin subsidio estatal al gas propano. Sólo hay dos explicaciones: O la pobreza se ha duplicado en 5 años del gobierno del FMLN, arrastrando buena parte de la clase media, o este gobierno está subsidiando a amplios sectores que no son pobres y no necesitan de este subsidio.

De ambas formas, es una declaración de bancarrota. Si 80% de los salvadoreños son tan pobres que necesitan subsidio para cocinar, toda la política de gasto social de este gobierno (y del anterior) ha sido un total fracaso. Es la bancarrota del populismo. Y si el gobierno, luego de tres diferentes reformas al sistema de subsidio de gas, no ha logrado o querido focalizar este subsidio, y si el gobierno solamente al 20% de los hogares hace pagar el costo real del gas, entonces estamos ante la bancarrota de la responsabilidad fiscal.

Pero el presidente de la República anuncia con orgullo estos números, que deberían provocar autocrítica, reflexión y un radical cambio de política.

Es obvio que estamos ante ambas bancarrotas. La pobreza ha aumentado desde que Funes, sus amigotes y el FMLN (todos "defensores de los pobres") tomaron el control del Estado y sus arcas. Pero por suerte, la pobreza todavía no ha llegado al 80%. Así que todavía tenemos un alto porcentaje de subsidio que no tiene razón de ser, a menos que sea razón partidaria y electorera. En tiempos de campaña nadie lo quiere decir: Sin una radical reducción de los subsidios mediante una estricta focalización no hay forma de superar el déficit fiscal, ni de disminuir el nivel de endeudamiento, ni mucho menos de generar crecimiento económico.

Es cierto que cada familia tiene derecho a tener acceso a luz, agua y gas propano, pero sólo tienen derecho a que el Estado les subsidie estos servicios los que realmente no lo pueden costear. Es cierto que cada niño tiene derecho a tener zapatos y un vaso de leche diario, pero no todos los niños tienen derecho (ni necesidad) de recibirlos regalados por el Estado.

Cualquiera que ha estudiado un poco la sociología de la pobreza sabe que no todos los niños que estudian en escuelas públicas provienen de familias pobres. Para los directores de las escuelas, que ahora se han convertidos en logísticos de la producción y distribución de uniformes y zapatos, sería mucho más fácil elaborar listas de las familias que necesitan los paquetes escolares, los uniformes y los zapatos, para que el gobierno les dé bonos para adquirirlos. Y todo indica que esto reduciría estos subsidios considerablemente, tal vez a la mitad.

El gobierno, en vez de certificar al 80% de sus ciudadanos como pobres mediante una tarjeta, tiene la difícil tarea de buscar, rubro por rubro, el método adecuado, justo y transparente de focalizar los subsidios, pagándolos solamente a los realmente necesitados. Para esto, hay que abandonar la práctica de comprar votos con subsidios y promesas.

Bueno, ya no tiene mucho sentido discutir todo esto con el gobierno de Funes que en 198 días entregará el poder y las chequeras. Es un tema que hay que discutir con los candidatos a la presidencia, quienes todos, sin excepción, se han comprometido a sostener y ampliar los subsidios. Esto es el tema principal de cualquier debate presidencial.

Mientras tanto, sigue siendo un insulto (y una mentira) que el presidente celebre como logro de "el cambio" que el 80% de los hogares del país necesitan subsidio para poder cocinar su almuerzo y su cena.

*Columnista de El Diario de Hoy.