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Un país extenuado

La Semana Santa --Semana Mayor-- nos trae el primer gran respiro del año para una población agotada, podría decirse hastiada de política tras una larga campaña electoral, de año y medio de duración. Al cargado clima de crisis generalizada que como país nos encontramos sufriendo, con un altísimo grado de inseguridad, falta de oportunidades de empleo, pérdida del poder adquisitivo e incertidumbre hacia el futuro, se sumó la extenuante campaña electoral. Siendo propicia la ocasión que se nos presenta para hacer un alto en el camino, para poder cambiar de actividad, para reflexionar, recuperar fuerza y energía ya que la carga del ambiente en que vivimos perjudica nuestra moral tanto individual como colectiva.

Un compañero de trabajo a quien aprecio me comentó esta semana que sentía haber disminuido un tanto su labor en esta casa editorial durante las últimas semanas; por su lenguaje corporal y su mirada pude darme cuenta del agobio que sufre, de lo cargado que anda. Le dije que no le había percibido así, que ese no era el caso. Conversamos sobre vivir los oficios durante la Semana Mayor, de darle significado con nuestro acompañamiento a la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Me dijo que ya lo hacía, por lo que me permití sugerirle vivir estos días con una mayor intensidad. Teniendo siempre presente que la resurrección es el eje central de nuestra fe.

Agotamiento, cansancio, es lo que percibo, veo y oigo por diferentes ámbitos. Siempre es un buen momento para intentar dedicarle un mayor tiempo a Dios, para quienes ya intentan hacerlo, o para dedicarle algún tiempo, para quienes no lo están haciendo, porque lo que este primer respiro del año nos da es una oportunidad para lo que se dice es una constante en la vida espiritual: comenzar y recomenzar. El espíritu de estos días no es de fiesta, es de tiempo para la familia, sano esparcimiento y cambio de actividad porque son días de vacación, pero no de fiesta. Reflexión, entrega grande o pequeña, sobriedad y ecuanimidad, es lo que nos debería traer la vivencia de los oficios: Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Solos no podemos.

Simple escribirlo pero no tan fácil aceptarlo, por nuestra endeble naturaleza humana. Y precisamente por nuestra debilidad de seres humanos el agotamiento, la carga que andamos llevando, el sufrimiento nos vuelven mucho más frágiles para enfermarnos tanto en la parte física, como en la parte emocional. ¿Cómo no podrá verse afectado el ciudadano promedio, yendo en escalada ascendente los homicidios promedio por día y, en general, la actividad delincuencial?; con un extendido ciclo de bajo crecimiento económico donde escasean las oportunidades laborales a todo nivel pero en especial para quienes tratan por primera vez de insertarse al mercado laboral. Con un quinquenio de ambiente político enrarecido.

Al país, ciertamente, no podremos cambiarlo en estos días de la Semana Santa. La realidad es que ni siquiera podríamos cambiarnos a nosotros mismos aunque quisiéramos, pero sí podemos intentar vivir esta Semana Mayor de manera más positiva. Existiendo al final dos caminos durante nuestro tránsito en esta vida, intentar vivir cara a Dios, o dedicarse a vivir vida animal --de donde pueden surgir los máximos horrores que se pueda imaginar cada quien--, ¿qué tal si cada uno de nosotros se decide intentar por el primero de estos dos caminos radicalmente opuestos? De ir cambiando para bien los corazones, sí que tendríamos mucho mejor país a corto, mediano y largo plazo.

¡Feliz vacación!

*Director Editorial de El Diario de Hoy.