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El país donde NO quiero vivir

Últimamente he llegado a la conclusión de que El Salvador se ha convertido en un país donde no quiero vivir… ¡pero no significa que piense marcharme!

Me considero una persona que ama a su Patria, y aunque reconozco que a lo largo de nuestra historia hemos enfrentado grandes retos y hemos tenido innumerables tropiezos, siempre habíamos conservado unos principios que nos mantenían unidos y que nos permitían vivir en libertad, esforzándonos cada día por ser mejores. Sin embargo, desde hace algún tiempo se han intensificado los acontecimientos que nos indican que estamos avanzando "en caída libre" hacia una pérdida total de nuestra esencia.

Como nos recuerda la leyenda escrita en la bandera nacional, son tres palabras las que identifican a nuestro pueblo: "Dios, Unión y Libertad". Me pregunto ¿qué será de nosotros si permitimos que esa "ruta de vida" que lograron vislumbrar nuestros próceres se extingue? ¿Hacia dónde caminaremos?

Me imagino que todos, o muchos de los lectores de este medio de comunicación, habrán tenido la oportunidad de ver y leer la promoción de la marcha organizada por el lobby LGTB de El Salvador apoyado por el Lobby proaborto para el sábado 28 de junio recién pasado, a las dos de la tarde, saliendo desde el Parque Cuscatlán, haciendo un recorrido hasta la Plaza Salvador del Mundo. Aunque no es la primera vez que organizan una marcha a favor de la diversidad sexual y la tolerancia (pues desde hace cinco años se realiza), en esta ocasión atacaron directa y violentamente a las iglesias cristianas, especialmente a la Iglesia Católica, haciendo mofa y banalizando lo más sagrado de nuestra fe; ofendiendo públicamente los sentimientos y creencias religiosas que compartimos la mayoría de los salvadoreños.

Adicionalmente, por casualidad o de forma orquestada, como parte de la Temporada 2014, un reconocido teatro presentó a partir del 1 de junio la obra: "¿Quién dijo que Dios dijo?", realizando un ataque frontal en forma de sátira contra todos los cristianos, la Iglesia y el Papa, incluso contra Dios Padre, la Biblia y la Eucaristía. Y lo más sorprendente es que el público, viendo tal falta de respeto (compartan o no dichas creencias) aplaude al finalizar la presentación.

No me entretengo más enumerando otras situaciones similares, que aunque son menos públicas y masivas, también atentan contra lo más profundo de nuestro "ser salvadoreño". Y no me refiero a comer pupusas… Hablo de los principios por los que nos constituimos en una nación libre: Dios, Unión y Libertad.

Vale la pena recordar que si bien el artículo número seis de nuestra Constitución establece claramente el derecho de expresar y difundir libremente los propios pensamientos, también señala el deber de respetar a los demás limitando este derecho a los casos en que subvierta el orden publico, lesione la moral, el honor, o la vida de los demás.

Definitivamente nos estamos alejando de lo que somos ¡y este NO es el país en el que quiero vivir, ni en el que quiero que crezcan mis hijos! Pero también pienso que la respuesta no es arreglar una valija y marcharse a otras tierras… Estoy convencida de que somos más los que añoramos que esos valores prevalezcan, los que queremos heredar a nuestros hijos un país con presente y futuro. Ahora es el momento de salir de la apatía y comodidad, y unirnos los salvadoreños que conocemos, aceptamos y valoramos nuestra identidad: "quiénes somos" verdaderamente. Solo así podremos construir juntos el país donde SÍ queremos vivir. Yo ya estoy haciendo algo… ¿Y tú?

*Colaboradora de El Diario de Hoy.

@MonicaPacas