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¿Un país de avestruces?

Una pregunta molesta: ¿vivimos realmente en una democracia? Comprendo que haya gente que se esfuerce por creerlo. Comprendo que haya gente que diga que no estamos presenciando un gran fraude electoral, sino sólo "algunas deficiencias que deben ser corregidas". Comprendo que haya gente que crea que vivimos en un Estado de Derecho, a pesar de que la Constitución exige, para presidente de la República ser de moralidad e instrucción notorias, algo que no cumple en absoluto el actual presidente. También, para ser elegido diputado se exige ser de notoria honradez e instrucción, cosa que, si se exigiese con rigor, despoblaría la Asamblea de diputados en más de un 60%, e inhabilitaría, de por vida, para cualquier cargo público, a los sinvergüenzas que siendo elegidos por un partido se pasaron a otro, incluso habiendo quienes, como en el juego infantil de las sillas, se han ido sentando en las de todos los partidos con un descaro notorio y una impunidad absoluta.

Si viviéramos con unas elecciones verdaderamente democráticas, para no seguir pareciendo una república bananera como la de la película de Cantinflas, ya se estarían abriendo las urnas donde las actas correspondientes revelan cifras surrealistas o de cuento de hadas y el presidente del TSE, después de un rápido antejuicio y su posterior juicio, riguroso e inapelable, habría sido condenado a pagar los daños y perjuicios causados con su actuación, o enviado a la cárcel si se comprobase no sólo incompetencia sino también trabajo fraudulento a favor de su partido de marufiosos.

Nuestra presunta democracia parece un traje apolillado: tiene agujeros por todas partes, por el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, donde en este último, para empezar, la mayoría de los ciudadanos se saltan las leyes como si eso fuera el mejor de los deportes.

No quiero extenderme sobre ese Cuarto Poder del Estado implantado por los pandilleros. No quiero aumentar el sufrimiento de tanta gente honesta que vive bajo el acoso constante de la renta mafiosa y la macabra lotería de penas de muerte para sus familiares inocentes, el siniestro deporte preferido por los mareros.

Podría seguir enumerando más de esos agujeros que padece nuestra presunta democracia pero creo que los peores no son los que la corrompen sino la pasividad de tanto salvadoreño que se queja pero no hace nada. Esconden la cabeza en la arena, como avestruces… ¿Serán mayoría absoluta?

Y los jóvenes, ¿qué hacen? Por cosas menos graves en otros países la juventud exige desde la calle, con repetidas marchas, pacíficas y multitudinarias, que se derogue por fin una ley injusta o un atentado contra la libertad de prensa.

¿Cuándo vamos a cambiar tanto vicio civil, tanta burla de las leyes, tanta trampa de políticos cuyos integrantes no han sido demócratas ni lo son ahora ni lo piensan ser en un futuro? Su amor a la patria es inexistente, su interés por sacar a los pobres de su pobreza, una cínica burla desmentida por los hechos donde los únicos que mejoran económicamente son ellos mismos, con transacciones comerciales y adquisición de propiedades de muy dudoso origen.

Veo demasiado pesimismo y resignación y no veo un nivel de indignación que lleve a una acción eficaz que remedie tan grave situación nacional. Y lo malo es que el remedio más profundo, lo expuso con lucidez Vaclav Havel, primer Presidente democrático de Checoslovaquia, cuando ese país se liberó de la odiosa tiranía del comunismo ruso: Un estado moral e intelectual no puede establecerse por medio de una Constitución o mediante la ley, ni por medio de instructivos, sino solamente mediante una labor compleja, de largo aliento y que no termina jamás; que involucra la educación y la autoeducación;(…) y exige la valentía de infundir aliento moral y motivación espiritual en todo, de buscar la dimensión humana de todas las cosas (…).para hablar en términos simples, lo que se necesita podría llamarse espíritu.

Entre nosotros hay mucho humano animalizado y muy pocos humanos espiritualizados.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com