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La PAES al "revés"

Estamos a dos meses para que el Ministerio de Educación convoque nuevamente para la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media. Pero como siempre impera la cultura salvadoreña de "dejarlo todo a última hora" o "hacemos las cosas como caigan". Dicho de otra manera, en la mayoría de los casos cuando se hace un proyecto, o se inicia algún negocio, lo primero que debería de ejecutarse es la visión y la misión.

Lo que supone un parámetro de cuál será el camino que se deberá de recorrer, como una especie de filosofía de trabajo, que no sólo evoca el principio de las cosas, sino el objeto que da origen a un proyecto, lo mismo debería de ocurrir en la familia previo a casarse o buscar tener relaciones sexuales, el futuro esposo debería preparar primero el lugar dónde llevara a su futura esposa (una vivienda), pero la mayoría de jóvenes hacen las cosas al revés, primero piden la prueba de amor, sin terminar sus estudios, sin tener un trabajo fijo, nunca se han costeado con su esfuerzo su vestuario.

Esta es la cultura que ha venido arrastrando la mayoría de salvadoreños (aclaro no todos); a decir verdad ni los funcionarios públicos están exentos de la cultura al revés, ya que a pocos días de hacer la PAES, el MINED ya dijo que habrá cambios que abarcan no sólo evaluar los conocimientos que los estudiantes tienen sobre las cuatro materias básicas: Matemática, ciencias, lenguaje y sociales, sino también se evaluará dos nuevas áreas: una es la capacidad de resolución de problemas y otra sobre las emociones y actitudes.

Por lo que surgen las siguientes preguntas ¿Por qué no lo anunciaron con un año de anticipación? ¿Qué parte del presupuesto se asignó para preparar a los maestros con estas competencias? ¿En qué momento los alumnos de las escuelas públicas y privadas estuvieron expuestos a estas enseñanzas?

De modo que la respuesta a estas interrogantes es la misma, todo se deja a última hora y queremos que funcione bien por arte de magia. Pero si queremos que El Salvador obtenga mejores resultados o haya cambios en educación, que mejoren los niveles de conocimiento de los educadores y educandos, lo primero que se debe de hacer es ordenar al MINED (reforma educativa integral).

Replantear la visión y la misión del MINED: que el futuro ministro no sea una persona con carrera política, sino un académico de sangre, que esté comprometido, no con su salario ni las prebendas ni mucho menos con el presidente que lo haya puesto. Que su compromiso sea con la educación, ya que esto garantizará que puje por un presupuesto que supere el 5 % del PIB, y no del 3 % que se tiene actualmente.

Y que este dinero se distribuya de manera equitativa, número uno en el fortalecimiento del nivel académico de los maestros, para que estos a su vez trasladen este conocimiento a los alumnos, pero no con sesgo ideológico. Y dos, mejorar la ineficiente estructura (escuelas en mal estado, sin pupitres, sin maestros), que conlleve a la vez construir escuelas en aquellos cantones, islas y municipios donde no hay escuelas públicas.

Posiblemente esto sea una utopía, ya que los políticos sólo piensan en el rédito político, y deducen por inercia que con un vaso de leche y con zapatos, la educación mejorará en el país, pero en realidad estas son políticas de corte popular, que sólo quitan el hambre de forma momentánea, pero que no son democráticas; mientras en la capital y en algunos municipios se da un vaso de leche, en otros municipios ni siquiera hay un pupitre donde sentarse, ni implementos para dar una clase de calidad.

Las reformas educativas siempre deben de ser equitativas y justas para todos los niños y niñas salvadoreños, pero para ello, insisto, se necesita un ministro que deje de ser sastre y zapatero.

*Catedrático de la Universidad Francisco Gavidia. Colaborador de El Diario de Hoy.

jaimeramirez_ortega@hotmail.com