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Otro muro abajo

Esta semana, la posibilidad de ver una Cuba libre algún día, tomó un rumbo que da cabida al optimismo. Con la mediación del Papa Francisco y el gobierno canadiense, Estados Unidos dio un paso hacia la modernidad diplomática anunciando la "normalización" de sus relaciones con Cuba. El cambio incluirá, entre otras cosas, además del establecimiento de una embajada estadounidense en La Habana, cierta liberación de los permisos de viaje de estadounidenses hacia Cuba, ampliará las cantidades que pueden enviarse a los cubanos en concepto de remesa, mejorará las telecomunicaciones entre la isla y Estados Unidos.

Y no, no es de ninguna manera el levantamiento del absurdo embargo comercial que por años ha servido al régimen castrista como chivo expiatorio argumentativo para justificar la miseria en la que tienen hundido al pueblo cubano, para ese es necesario un proceso legislativo.

El cambio llega hasta lo que, a través de su autoridad ejecutiva, puede hacer el presidente Obama, y aunque para el ciudadano estadounidense promedio los cambios probablemente sólo signifiquen un nuevo destino que pueden visitar para spring break, para el ciudadano cubano promedio estas pequeñas reformas, como cualquier apertura que implica ampliar sus libertades, sí son significativas: la capacidad de recibir más remesas, para una familia que se las arregla con dificultades para que los alimentos que reciben con la tarjeta de racionamiento alcancen hasta fin de mes, es innegablemente una bendición.

En cuanto al tema de las telecomunicaciones, cualquier cosa que amplíe aunque sea mínimamente el limitado acceso que tienen los cubanos al mundo exterior en plena era de la información es también un triunfo de la libertad.

Es por esta consideración de lo mucho que podrían significar para el cubano de a pie estos pequeños cambios que resulta casi ofensivo que haya quienes rechacen la medida por considerar que es una concesión al régimen que implica una "derrota" en política exterior. Es un tanto iluso pensar que el embargo, una medida que no ha funcionado como medida de presión para derrocar al régimen por 54 años, comience a tener resultados diferentes. Esta oposición simplemente demuestra que hay quienes priorizan el ser anti-castristas por encima de ser pro-libertades y derechos humanos. Aparte, la liberación.

En el discurso en el que el presidente Obama anunció las reformas, incluyó su propio Ich bin ein Berliner reaganiano, cuando dijo en español: "Todos somos americanos", dándole a sus palabras el peso histórico que tendrán simbolizando la tímida primera rajadura de un muro que hay que tumbar de una vez por todas, para que "Cuba libre" deje de ser un trago o una triste ironía.

* Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg