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Otra vida más allá de esta vida

Que mis lectores me permitan esta, ¿fantasía?, dedicada especialmente para amigos ateos o agnósticos y para los partidarios de algunos tipos de abortos provocados…

El caso es que pude escuchar gracias a la colaboración de un médico obstetra este sorprendente diálogo de unos mellizos, niño y niña, dentro todavía del vientre materno.

--¿Tú crees en la vida después del parto?, preguntó el niño, frunciendo el ceño. Claro que sí, respondió su gemela; después del parto yo creo que existe una vida más bella, bellísima, y yo la espero con ilusión. Si estamos aquí todavía es porque necesitamos prepararnos debidamente para la vida que tendremos después.

--¡Ay, niñita, qué tonterías dices! Bien se ve que eres mujer… ¿Cómo podría ser esa vida?, dijo el niño, despreciativo y algo enojado. No lo sé, le contestó su hermanita . No lo sé, pero deseo que haya más luz que aquí. Tal vez caminaremos con nuestros propios pies (si no, ¿para que los tenemos?) y seguramente nos alimentaremos por la boca y… --¡Eso es absurdo!, contestó el niño. Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! ¡La boca está hecha para hablar! Es evidente, tontita, que el cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Entiende una cosa: la vida después del parto es imposible, nuestros cordones umbilicales son demasiado cortos y si nos los cortaran, moriríamos enseguida…

--Pues yo he oído algo, me ha parecido escuchar voces fuera de nuestro mundo y pienso que puede ser un mundo maravilloso lleno de luz y colores, un mundo muy amplio y…, dijo soñadora la niñita.

--Pero mira, hermanita, deja de soñar y atente a la realidad, dijo con tono persuasivo el varoncito. Nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que esta existencia en la oscuridad que no lleva a nada. Come, duerme, alégrate. Aquí estamos cómodos y bien alimentados y no perdamos el tiempo con ilusiones que no nos llevan a nada.

--Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero sí que tendremos una vida mejor. Seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará y…

--¡Ay, nenita, inocente…! ¿Dices que has oído voces fuera de nuestro mundo? Yo también he oído voces de alguien al que llamaban doctor y ¿sabes lo que decían? ¡Que lo mejor era eliminarnos ahora, dentro de nuestro mundo, antes de que creciéramos más, antes del parto!

--¡Nooo! ¡Eso sí que no es verdad! ¡Eso lo has soñado, has tenido un mal sueño! ¡No puede haber seres vivos allá afuera que sean enemigos de la vida!

--Eso es realidad, yo lo escuché. ¡Y tú creyendo en esa fantasía de mamá…¿Mamá? ¿Tú todavía crees en mamás? ¿Todavía crees en fantasías? ¿Y dónde crees tú que está ella ahora? Hay que atenerse, hermanita, a lo que dice la ciencia y la experiencia directa. Yo no veo ningún tipo de mamás aquí, en nuestro mundo palpable…

--¿Qué dónde está mamá? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.

--Nena, yo no creo en fantasías. Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.

--Entonces, por qué a veces, cuando estamos en silencio, ¿no la has escuchado? ¿No la has oído cantando? Ella nos canta canciones muy dulces, esperándonos a los dos. ¿Nunca has sentido cómo acaricia por fuera nuestro mundo…? Yo estoy segura de que allá afuera hay una vida real, mucho más amplia, más bonita, con mucha más luz y muchas más cosas que aquí dentro, una vida donde nuestra mamá nos espera con ilusión, con impaciencia…

--Deja de ilusionarte con fantasías. Después del parto acaba todo para siempre.

--No, mamá nos ama y nos espera. Ahora estamos aquí creciendo para ella, para su amor...

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com