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Otra vez, lecciones no aprendidas

El ex-candidato presidencial de ARENA, Norman Quijano, anunció esta semana que será el candidato de ese partido para alcalde de San Salvador, diciendo entre otras cosas: "Les reitero que mi reelección la busco en firme, y que a nadie le quepa la menor duda de que soy el candidato…Nunca ha estado en duda mi candidatura".

El anuncio trajo remembranzas de cuando, recién reelecto alcalde en 2012, anunció que él sería el candidato presidencial de ARENA. El recuerdo es muy vívido porque, igual que en ese momento, él no anunció que se tiraría a correr como precandidato sino que él es el candidato, y usó como argumento de que lo será porque tiene el apoyo de la dirigencia del partido.

Pareciera que al decir esto el ex-candidato presidencial espera que cualquiera que pudiera competir por la alcaldía de San Salvador, o influir en quién podría ser el candidato, aunque sea sólo con un voto en la Asamblea del partido, tendrá que entender que no tiene ninguna oportunidad, que en el partido existen los que toman las decisiones y los que las obedecen, y que los primeros (que obviamente no incluyen a Norman Quijano porque los tiene que citar en apoyo a su candidatura para sonar convincente) ya decidieron que él será el candidato.

No sabemos si al hacer esto Norman Quijano está consciente de que al escucharlo el público obtiene la impresión de que en ARENA las candidaturas se cocinan por la "dirigencia" en algún proceso al que el resto del partido y de la población no tiene acceso, que luego esas decisiones descienden hacia las estructuras del partido como órdenes secretas a ser obedecidas, y que si hay un proceso de preselección es para los pájaros. Y que todas esas declaraciones de que el partido se abrirá a la sociedad civil que le dio los 430 mil votos adicionales en sólo cinco semanas para la segunda vuelta, también son para los pájaros, al igual que el congreso que el partido está planeando.

Ojalá que ARENA sí esté consciente de que esta impresión es profundamente negativa para el partido, tan negativa que es la razón más fundamental detrás de la caída en el apoyo de la población del 40 por ciento en 2004 al 30 por ciento en 2009 y de la terrible derrota de la primera vuelta en 2014 con ya sólo el 20 por ciento. El pueblo percibe esa actitud de que "tendrán que votar por nosotros porque ya las autoridades del partido lo han decidido?, como descarnada prepotencia, la continuación de la impresión que ARENA dejó en el pueblo en las dos últimas elecciones presidenciales, "podemos poner el candidato que queremos, porque tendrán que votar por nosotros ya que la alternativa es el FMLN".

Pero, al menos por una tercera vez (las elecciones de diputados y alcaldes de 2003 y las dos últimas presidenciales), el pueblo demostró dos cosas en 2014: una, que cuando lo chantajean con la idea de que tienen que aceptar lo que le pongan enfrente aunque no le guste porque la alternativa es el FMLN, la gente que antes le daba la victoria a ARENA prefiere no votar. Usted puede decir que es una actitud estúpida porque eso asegura el triunfo del FMLN, pero esa es la realidad. La gente ya se hartó de ser tratada como ganado. Ciertamente, el FMLN es mucho más autoritario y arbitrario. Pero es precisamente por eso que la gente que se abstiene no vota por ese partido.

La otra cosa que el pueblo demostró es que puede reaccionar rápidamente y apoyar a ARENA si cree que las cosas van a cambiar, que la prepotencia se va a terminar, que habrá más participación ciudadana, que habrá mejores candidatos y programas. ARENA no debe esperar a que el pueblo demuestre una tercera cosa: que si ARENA le promete mayor apertura, candidatos escogidos por su mérito y no por su obediencia a "la dirigencia", y no le cumple, la gente que tanto apoyó al partido puede dejar de creer del todo en ARENA y abandonarlo para que se convierta en un partido de segunda clase.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.