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¡Otra vez!

Los enemigos de nuestra institucionalidad democrática han vuelto a desbordarse. Desarticular a la Sala de lo Constitucional es de nuevo el objetivo; los titiriteros son los mismos; las excusas, idénticas; lo único que ha cambiado es el nivel de hipocresía, que esta vez se ha elevado a la enésima potencia. El profesor Sánchez Cerén y el expresidente Saca, en apariencia a la retaguardia del estercolero, en realidad están cruzando los dedos para que el golpe tenga, hoy sí, el éxito deseado.

A estas alturas parece inconcebible que Tony Saca crea en serio que va a regresar al poder. Sin embargo, necesita hacérselo creer a todo el mundo, y le urge que esa ilusión se mantenga libre de obstáculos el tiempo suficiente. La candidatura a la Presidencia de la República de un concesionario del Estado es inconstitucional, y él ha gozado de muchas concesiones estatales para llegar a ser el afortunado empresario que es hoy. Como lo ha insinuado el Dr. Fabio Castillo, quien desee acabar con la aventura electoral de UNIDAD ni siquiera debe esperar a que Saca se inscriba. Un recurso contra su primera aspiración política, la del año 2004, bastaría para dejarlo fuera de competencia.

Sin menoscabo de lo anterior, estoy personalmente convencido que ARENA cometería un error garrafal poniendo (o mandando a poner) una demanda contra el exgobernante. A fin de cuentas, ni los números ni la tradición comicial salvadoreña le sirven ya a don Elías Antonio para apuntalar sus ambiciones. A menos que suceda una debacle en cualquiera de los dos partidos grandes, no hay forma que UNIDAD consiga lo que públicamente dice pretender.

Lo más inteligente, por tanto, para sus adversarios, es dejar participar a Tony Saca en la carrera electoral y permitirle que se estrelle. El fracaso de no lograr siquiera pasar a segunda ronda, en el caso de una candidatura tan obscenamente inflada como la de Saca, es equivalente a la muerte política. ¿Por qué habría alguien de ponerle trabas a su tan candorosa marcha al suicidio y a la irrelevancia?

Por el contrario, la amenaza de un fallo desfavorable de la Sala de lo Constitucional bien podría ser la salida "honrosa" que el candidato de UNIDAD necesita para no dejar la competencia electoral por la puerta de atrás. Aún así, los magistrados que calificaron de "fraude de ley" la renuncia partidaria (in extremis) de Silvia Aguilar para buscar un puesto en la Corte de Cuentas, siguen siendo piedra de tropiezo para el movimiento saquista. De ahí que los partidos aglutinados en UNIDAD quieran mantenerlos a raya, o, si es posible, enviar a algunos de ellos a su casa, desarmando la Sala. Se les ha convertido, para decirlo de alguna forma, en un tema de falso orgullo.

La situación en el FMLN es un tanto diferente. El castrismo-chavismo que el partido oficial lleva en sus genes no le permite concebir una Sala de lo Constitucional tan independiente como la que tenemos. Para estos buenos hijos de Fidel, la única autoridad judicial que cuenta es la que les está sometida. Eso del "equilibrio y control de poderes" es una ficción de Montesquieu que el "visionario" Federico Engels se encargó de elucidar para siempre. Perderse en la verborrea de la "democracia republicana" es hacerle el juego a los reaccionarios capitalistas y explotadores.

Se le oye muy bonito al profesor Sánchez Cerén decir que los fallos judiciales deben respetarse. También conforta escuchar a Tony Saca asegurarnos que su vocación democrática es incuestionable. Pero ni el primero se atreve a criticar la prepotencia de Sigfrido Reyes ni el segundo amenaza con renunciar a su candidatura si los partidos de UNIDAD insisten en desarticular a la Sala. Hipocresía pura. Falsedad manifiesta.

¿Y en qué ley se escuda la Sala de lo Contencioso para prestarse a esta sucia trama? En la "ley" del capricho y la arbitrariedad. No hay más. No hay menos. ¡Otra vez!

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.