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La otra inteligencia

En ningún momento se habla de suprimir las emociones y ponderar la razón sobre estas. Se trata de enfocarse en la búsqueda de un equilibrio

Hace 20 años Daniel Goleman publico el libro titulado,  Emotional Intelligence: Why it can matter more than IQ, que fue únicamente titulado en español como La Inteligencia Emocional; omitiendo, desafortunadamente, el subtitulo: ¿Por qué es más importante que el Coeficiente Intelectual?, el cual terminaba de orientar sobre la importancia del nuevo concepto de inteligencia emocional. Con este libro Daniel Goleman hace ver que le debe el concepto de inteligencia emocional al entonces profesor e investigador en sicología y actual presidente de la Universidad de Yale, Peter Salovey,   también sintetizaba lo que él y otros investigadores habían descubierto hasta esa fecha sobre los misterios del comportamiento humano, la forma en que las emociones eran las responsables en nuestra manera de interpretar la realidad que nos rodeaba y cómo nos dejamos llevar por las emociones, haciendo de lado cualquier estado de racionalidad. 

En nuestra sociedad tan dada a los arrebatos emocionales que suelen desencadenar eventos impulsivos que, a menudo, llevan a la violencia Es transcendental recordar, de tiempo en tiempo,  la importancia del control de las emociones;  es así cómo es bueno hacer resonar algunos aspectos básicos  que con este libro se promovían:   1.)  La idea de que nuestra concepción de  inteligencia física debía expandirse para incluir a la inteligencia emocional, esto debido a que se ha verificado que existen cada vez más personas cuyas emociones se encuentran fuera de control en un aumento de casos de «ineptitud emocional».  2.) La tendencia mundial de que las generaciones actuales tienden a tener más conflictos emocionales que la generación previa, además de ser más impulsivos, agresivos y propensos a preocuparse.  3.) Cuanto más intenso es el sentimiento mayormente  dominante se vuelve la mente emocional y, por lo tanto, mas ineficaz es la mente racional y  4.)El autor proponía la presencia de dos actitudes para lograr evitar exabruptos emocionales que pueden llevar a la agresión verbal y/o física, estos serian el dominio de sí mismo y la compasión.   Al confiar en estas dos posturas alcanzaremos un equilibrio entre la mente emocional y la racional; permitiendo que la emoción apoye e informe a la mente racional y, a su vez, que  esta, depure y frene el impulso en la recepción de las emociones.  En ningún momento se habla de suprimir las emociones y ponderar la razón sobre estas.  Se trata de enfocarse en la búsqueda de un equilibrio armonioso que permitirá responder a cualquier acción con una superior y mejor proporcionada reacción.

Estudios más recientes determinan que otros componentes que se vuelven importantes para lograr un equilibrio entre el raciocinio y la emotividad  son:   La habilidad para entender las perspectivas de otros (empatía), la destreza para construir lazos y relaciones genuinas con los que nos rodean (habilidad social), pericia para dirigir e inspirar positivamente a uno mismo y a otros (influencia personal) y probablemente la más importante sea nuestra habilidad para otorgar autenticidad a nuestra propia vida y actuar de acuerdo con nuestros principios y valores (Dominio del Propósito y Mejor Visión de la Vida).

Es así como, veinte años después de publicado el libro, el término  inteligencia emocional ha llegado a todos los rincones del planeta y ha sido calificado como un  concepto influyente que  revolucionó la vida de millones de personas, pero  que sigue siendo necesario poner en práctica cada día en un mundo cada vez más carente de emociones positivas.
 

*Colaborador de El Diario de Hoy.
aguilarjoya@yahoo.com