Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Oración por Francisco Flores

Mis oraciones por un gran amigo, un gran Presidente. Mi corazón con doña Lourdes y Tono. Con Doña Ana, Juan Marcos y Gabriela

En el momento en que escribo esta columna el expresidente Francisco Flores, aún esta vivo, pero con grave peligro de muerte. Esta vez ocuparé este espacio para hacer mías las palabras de David, el salmista. La tarde del domingo recibí una llamada de “Paquito”, lo sentí como siempre, animado, de buen humor. Siempre llevó la procesión por dentro.

Solo minutos después sufrió un derrame cerebral como consecuencia de la trombosis y, claro que sí, de la saña, la insidia, el veneno y el odio de las personas que lo llevaron hasta donde está, aún a sabiendas que era inocente. Los que recibieron paga para acosarlo más allá de una simple petición de justicia.

 El que le agregó delitos y lo mandó a la cárcel sin ser médico ni fiscal solo por conseguir un cargo público, los que le dispararon desde el mismo bando. Los verdaderos malhechores que urdieron toda la trama. Los que recibieron dinero para calumniarlo en periódicos. 

Que Dios se apiade de sus almas, porque no lo digo yo, sino las Escrituras en el salmo 35. 

 “Defiéndeme, Señor, de los que me atacan; combate a los que me combaten. Toma tu adarga, tu escudo y acude en mi ayuda. Empuña la lanza y el hacha, y haz frente a los que me persiguen. Quiero oírte decir: "Yo soy tu salvación".

 Queden confundidos y avergonzados los que procuran matarme; retrocedan humillados los que traman mi ruina.

Sean como la paja en el viento, acosados por el ángel del Señor; sea su senda oscura y resbalosa, perseguidos por el ángel del Señor.

Ya que sin motivo me tendieron una trampa, sin motivo cavaron una fosa para mí, que la ruina los tome por sorpresa; que caigan en su propia trampa, en la fosa que ellos mismos cavaron.

Así mi alma se alegrará en el y se deleitará en su salvación; así todo mi ser exclamará: "¿Quién como tú, Señor? Tú libras de los poderosos a los pobres; a los pobres y necesitados libras de aquellos que los explotan".

Se presentan testigos despiadados y me preguntan cosas que yo ignoro. Me devuelven mal por bien, y eso me hiere en el alma; pues cuando ellos enfermaban yo me vestía de luto, me afligía y ayunaba. ¡Ay, si pudiera retractarme de mis oraciones!

Me vestía yo de luto, como por un amigo o un hermano.

Afligido, inclinaba la cabeza, como si llorara por mi madre.

Pero yo tropecé, y ellos se alegraron, y a una se juntaron contra mí. Gente extraña, que yo no conocía, me calumniaba sin cesar. Me atormentaban, se burlaban de mí, y contra mí rechinaban los dientes.

 ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tolerar esto? Libra mi vida, mi única vida, de los ataques de esos leones. Yo te daré gracias en la gran asamblea; ante una multitud te alabaré.

No dejes que de mí se burlen mis enemigos traicioneros; no dejes que se guiñen el ojo los que me odian sin motivo.

Porque no vienen en son de paz, sino que urden mentiras contra la gente apacible del país.

De mí se ríen a carcajadas, y exclaman: "¡Miren en lo que vino a parar!" Señor, tú has visto todo esto; no te quedes callado. ¡Señor, no te alejes de mí!

¡Despierta, Dios mío, levántate! ¡Hazme justicia, Señor, defiéndeme!

 Júzgame según tu justicia, Señor mi Dios; no dejes que se burlen de mí. No permitas que piensen: "¡Así queríamos verlo!" No permitas que digan: "Nos lo hemos tragado vivo".

Queden avergonzados y confundidos todos los que se alegran de mi desgracia; sean cubiertos de oprobio y vergüenza todos los que se creen más que yo. Pero lancen voces de alegría y regocijo los que apoyan mi causa, y digan siempre: "Exaltado sea el Señor, quien se deleita en el bienestar de su siervo".

 Con mi lengua proclamaré tu justicia y todo el día te alabaré”.

 Mis oraciones por un gran amigo, un gran Presidente. Mi corazón con doña Lourdes y Tono. Con Doña Ana, Juan Marcos y Gabriela.
    
*Columnista de El Diario de Hoy