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La oración, la oración, la oración

Un pastor que habla la lengua de su pueblo, que se hace entender por los diferentes actores de nuestra sociedad, que habla de Dios de tal forma que el pueblo ama las cosas de Dios, es un buen pastor y debemos orar por más buenos y santos sac

A un buen pastor sus ovejas le escuchan y lo siguen hacia Dios. En los momentos que vive nuestro país, con una espiral de violencia, luto y derramamiento de sangre, se necesitan pastores con un especial carisma espiritual y conciliador, porque si algo precisa nuestra Patria es: oración, oración y oración, para lograr la tan anhelada paz social, como producto del perdón y la reconciliación, y a lo que se debe dedicar mucho tiempo y energía en medio de una sociedad polarizada, que busca con afán un mejor futuro.

Un pastor que habla la lengua de su pueblo, que se hace entender por los diferentes actores de nuestra sociedad, que habla de Dios de tal forma que el pueblo ama las cosas de Dios, es un buen pastor y debemos orar por más buenos y santos sacerdotes, que nos guíen en el camino de Jesucristo. Gracias a Dios, nuestra Iglesia Católica cuenta con muchos y muy santos sacerdotes en todas las latitudes del mundo. 

Pero nuestros enemigos se han confabulado rabiosamente para atacarlos por casos que, si bien son ciertos algunos, y la Iglesia los ha condenado, actuando sin miedo y sin parálisis como, Su Santidad, el Papa Francisco lo ha dicho, buscando la verdad como fuente de purificación. Sin embargo, las calumnias son de muy mal gusto, para desprestigiarlos y manchar públicamente su buena fama y reputación con mentiras deshonestas. Y, lo que es peor, algunos católicos inconscientes sumados a funcionarios que dicen ser católicos, se han prestado para hacerles eco y seguir su juego tan poco leal, incorporando a su agenda política este delicado tema, para su propio beneficio, pero, en fin, si Cristo mismo fue perseguido y calumniado, no podemos esperar una suerte diversa para sus sacerdotes. 

En estos tiempos que vive nuestra Iglesia en El Salvador, se necesitan voceros eclesiásticos enérgicos y con el carácter indispensable para dejar muy claro que aunque es verdad que algunos pocos, poquísimos, si han fallado --pues los sacerdotes son también seres humanos frágiles y pecadores-- debemos hacerles justicia y reconocer públicamente que los buenos sacerdotes son, por fortuna, la inmensa mayoría, casi todos. Y se comportan como “buenos pastores”, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. 

Algunos de esos males se han manifestado a lo largo de este año, provocando mucho dolor a todo el cuerpo e hiriendo a muchas almas, lamentó el Papa, y señaló que: “es necesario afirmar que esto será siempre objeto de sincera reflexión y decisivas medidas”. La reforma de la Curia, aseguró, “seguirá adelante con determinación, lucidez y resolución, porque Ecclesia semper reformanda (La Iglesia siempre debe ser reformada)”. Todos nosotros, en las más diversas circunstancias de la vida, hemos tenido a nuestro lado a santos sacerdotes que nos han ayudado a mantenernos en pie, a pesar de las dificultades. Y a ellos les debemos la perseverancia en nuestra fe y en nuestra vocación cristiana. 

Todos los laicos comprometidos con la Iglesia, reconocemos con grandísimo cariño las figuras sacerdotales, que están dejando una huella indeleble en nuestra existencia, porque han sabido ser, “buenos pastores”. Gracias a Dios, en nuestra Iglesia hay muchos sacerdotes santos, llenos de amor a Dios y a los demás, desgastan su vida en silencio como la vela roja del Santísimo Sacramento que se consume de día y de noche, en un continuo acto de amor y de adoración a Jesús Eucaristía. Pero los sacerdotes también necesitan de nuestra oración y de nuestro apoyo, para que el Señor les dé a todos el don de la santidad y de la perseverancia en su vocación.

*Colaborador de El Diario de Hoy.