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La oposición

Desde que el FMLN es gobierno el país ha retrocedido en todo. El crecimiento económico es el más bajo de América Central desde hace 7 años. La deuda del sector público no financiero supera el 58%, según datos oficiales. Hemos caído en todos los Índices de Desarrollo Humano, en competitividad y en clima de negocios. Somos el país de la región que menos inversión extranjera atrae.

Según el Banco Mundial la calidad de vida de los salvadoreños tiende a deteriorarse debido a la extrema violencia social y criminal y a la situación económica. La tasa de homicidios se mantiene en promedio de dos dígitos. Más del 84% de los pequeños y medianos comerciantes en todo el país están siendo extorsionados, lo cual ha obligado a muchos a cerrar sus negocios y a dejar a millares de personas en el desempleo.

Para colmo de males también hemos retrocedido en nuestra, ya de por sí, frágil democracia. Desde 2009 ha habido una apenas velada compra de voluntades y votos en la Asamblea Legislativa, lo cual podría ser si se investiga y documenta, el mayor fraude político en nuestra historia republicana. Y es que no se trata nada más de la compra y venta de curules, es que es una burla a la voluntad del electorado.

El ataque constante a la Sala de lo Constitucional constituye una grave amenaza en contra de un débil balance de poderes. Y para colmo un Tribunal Supremo Electoral, TSE, presidido y controlado por el partido en el poder, ha puesto en vitrina toda la incapacidad, de la mayoría de cuadros y funcionarios del partido que gobierna. Solo el Sitramss supera el desastre del TSE.

El presidente de la República ha dicho que Venezuela es el faro que lo ilumina. Basta ver el desastre que es Venezuela para darnos cuenta, que con ese faro, seguiremos sumidos en las penumbras de la mediocridad. Los pésimos gobiernos del FMLN explican en cierta manera la victoria electoral de la oposición. Me refiero a ARENA.

Después del primer gobierno del FMLN, este partido volvió a ganar la elección por apenas 6 mil votos en un sospechoso y viciado proceso electoral en donde la ley fue violada de muchas maneras. Lo único bueno que puedo decir del actual presidente es que su estilo no mantiene a la nación con los nervios de punta como sí lo solía hacer el anterior. Pero el caso es que el país necesita algo más que un hablar pausado para salir del hoyo.

ARENA debería ganar las próximas dos elecciones por venir: las de 2018 y las de 2019. Las condiciones le son favorables. Pero ARENA no puede ni debe volver a ser lo que fue. Un instituto político es como un libro. Una vez el libro está en las librerías, ya no pertenece al escritor sino al público. Un partido político desde el momento en que compite en elecciones, no pertenece a sus dirigentes actuales y menos a sus fundadores.

Los fundadores tuvieron el mérito de crearlo. Y los dirigentes solo son administradores, no dueños del partido. Por lo anterior me siento con el derecho a decir que ARENA no debe, ni puede volver a ser lo que fue hace 5, 10 y menos 30 años. Se trata no solo de la primera fuerza política y del partido que representa a la oposición. Ya veremos si el resto de partidos por dónde se alinean o los alinean.

Ciertamente ARENA debe ser una oposición constructiva, pero ello no quiere decir que sea blandengue o pactista y menos que se aferre a símbolos, cánticos de guerra e ideologías que se basen más en lo anti que en lo propositivo. El mensaje que el electorado envió a ARENA en los departamentos donde el electorado es más educado fue de renovación.

A mi entender, renovación, no implica solamente quitar viejos y poner jóvenes. ARENA debe convertirse en un partido más incluyente, auténticamente liberal en el sentido clásico de la palabra, renunciar de una vez a dejar de proclamar al país como una gigantesca tumba de adversarios, diseñar un sistema de elección de candidatos moderno y transparente. ARENA es la oposición y como tal debe comportarse y marcar la diferencia.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com