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Oportunidad perdida

La Asamblea Legislativa aprobó recientemente su presupuesto para el año 2015 y con bombo y platillo anunciaron como logro el que hayan podido mantener para el próximo año un presupuesto similar al actual. ¡Qué capacidad de no estar en contacto con la población y sus demandas! Por razones correctas o no, la población en general desprecia a los políticos de la Asamblea Legislativa y utiliza la imagen de los diputados para mostrar su descontento con la política nacional.

Es cierto que el presupuesto de la Asamblea Legislativa es apenas un 1.2% del presupuesto nacional. Es cierto que en todos los poderes del Estado se pueden encontrar evidencias de despilfarro, incluso de mayor envergadura de los que puedan encontrarse en la Asamblea. Es cierto que el Ejecutivo está dando muestras mucho más claras de incapacidad, de negligencia y de mentiras. Es cierto que los juicios de valor pueden ser injustos para algunos de los diputados.

Sin embargo, no hace falta más que un poco de astucia para darse cuenta de lo importante para un partido como ARENA de comenzar a cambiar la naturaleza de los liderazgos políticos con propuestas innovadoras. Educación, salud y seguridad en el país es lo relevante. Sería sensato diseñar una estrategia de financiamiento de las nuevas necesidades en estas áreas con el traslado de al menos 10% del presupuesto nacional, cerca de $300 millones al quitar lo ya asignado a esas tres áreas.

Como ejemplo en la Asamblea Legislativa la meta debería haber sido lograr un ahorro de al menos $6 millones. Sólo así ARENA debería haber votado por el presupuesto. No es posible que perdamos la oportunidad de distinguirnos y de diferenciarnos. Este es uno de los temas que a la población más importa, el uso racional de los recursos, el establecimiento de prioridades que contribuyan a resolver las grandes necesidades en educación, salud y seguridad.

En educación seguimos rondando la zona de 3.5% de inversión sobre el PIB, cuando necesitamos al menos un 6%. Ya no es posible seguir pensando en lo político de la misma manera. El Salvador está enfrentando una crisis severa, a pesar de proyectos como Fomilenio II que sirven de esperanza. Diferentes sectores de la economía están viviendo una fuerte contracción y las expectativas del gobierno de más ingresos pueden esfumarse rápidamente.

Hay que promover nuevas soluciones y comenzar dando el ejemplo. Los ciudadanos exigen racionalidad en el gasto. Ya basta de enterrar cientos de millones en el puerto, en una represa abandonada, en un penal a medias o en un proyecto fracasado como el SITRAMSS. Y la racionalidad en el gasto exige prioridades. ¿Por qué vamos a promover viajes al exterior cuando nuestros niños continúan desnutridos? ¿Por qué mantener el despilfarro en la gestión pública cuando no hay a veces ni acetaminofén para los terribles dolores del chikunguña? ¡Racionalidad y prioridades! ¿Cómo es posible que mantengamos planes de inversión en un nuevo edificio legislativo cuando tantos de nuestros compatriotas no tienen ni casa?

Nuestro principal problema parece que sigue siendo nuestra falta de humanidad. Si lográramos ver en el rostro de nuestro compatriota a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestro cónyuge, probablemente pudiéramos cultivar la sensibilidad necesaria para convertirnos en nuevos políticos. ARENA ha iniciado ese difícil proceso de renovación y regeneración que ha permitido que personas de sectores diversos diéramos el paso para fortalecer la gestión política. El ser líderes en la renovación política impone incluso más exigencias para demostrar que sí se puede, que podemos salir adelante y que existen en el país personas que de la mano de un instituto político buscan únicamente el bien común.

*Columnista de El Diario de Hoy.