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Yo sí olvido el año viejo

Pronto los villancicos navideños darán paso a un musicón más festivo, ideal para despedir el año. Nuevamente, como lo ha hecho desde los tiempos mozos de mis papás, por todos lados sonará: Aaahhiii yo no olvido, no no no, el año viejo, porque me ha dejao cosas muy buenas. ¿Estaremos los salvadoreños de acuerdo con la letra de esta canción?

Neles pasteles. El 2013 cierra con más pobres (casi un millón adicional según Fusades), y el endeudamiento más cholotón de nuestra historia (54 % del producto interno bruto).

De la cabeza pasamos a la cola en materia de crecimiento económico e inversión.

Bien atrás también quedamos en materia de café. La cosecha 2013 fue la peor en más de 80 años, convirtiendo a El Salvador en el menor exportador de cafeína junto a Tanzania.

De la cola pasamos a la cabeza en inseguridad. ¿Cómo se les ocurre bajarse los pantalones ante las pandillas que nos tienen angustiados y extorsionados a su merced?

Dale con el tema de los caites de choto si lo que nuestros jóvenes necesitan son buenos maestros que los eduquen, como Dios manda, en escuelas sin goteras.

Imposible olvidar la foto que publicó este periódico de una enferma en el piso del hospital Zacamil. Dale con el tema de medicinas más baratas, cuando la triste realidad es que casi no hay medicinas ni suficientes camas.

¡Tanta cosa mala que nos dejó el año viejo! Nos dejó trabazones 24/7, culpa de protestas por doquier; de caravanas de la muerte, y de la metida de pata de Gerson que, en busca de votos, se le ocurre romper cuatro arterias vitales a la vez. Seguro tiro por la culata.

Nos dejó una democracia debilitada por golpes a la independencia de poderes, y una Corte de Cuentas y Fiscalía resbaladizas, dedicadas a cazar brujas del pasado.

Nos dejó una oposición sin norte con más fugas de diputados que no pudieron resistir la tentación del señor del maletín negro.

Nos dejó un presidente que nos hace sentir pena ajena cuando arremete contra Raymundo y todo el mundo en su aburrido y abusivo programa radial los sábados y cuando, de guayabera blanca, echa chispas rojas en los noticieros de televisión.

¿Qué me dicen del papelón del susodicho cuando llegó tarde hasta a la audiencia con el hombre del año? Perdónalo Su Santidad, pues no sabe lo que hace; además, como que en junio pasará a mejor vida, bien pupuso, en Brasil.

El 2013 nos dejó 365 días de una hueca, chuca, aburrida, mentirosa y millonaria campaña presidencial entre tres candidatos que ni fu ni fa.

Ni fu el abuelo lobo, con traje de oveja, guiado por el espíritu de Chávez. Ni fa el expresidente con alucinaciones de grandeza, pues jura que en las encuestas va subiendo cuando, por más que tapice el país con su rostro, ni polvo va a levantar. Ni fu ni fa la oferta del candidato mejor peinado, de convertir la casona en hospicio.

El año viejo nos dejó niveles de odio y luchas de poder nunca antes vistos. Si hasta chatarra de guerra compramos por si acaso toca volver a bombardear Toncontín.

Aaahhiii yo si olvido, si si si el año viejo, porque nos ha dejao cosas muy malas. Nos dejó el city tour del Viejo Lin y el Sirra, el travel warning del tío Sam, la ponchada del Fomilenio, el puerto de oriente paralizado, los mentados amaños de la Selecta, una galopante deforestación, corrupción y despilfarro, clientelismo y nepotismo... ¡Alto! O respiro hondo o me da soponcio.

Ommmmm. Gracias a Dios, tenemos la fuerza del voto para, muy pronto, pasar la página de tanta podredumbre e incompetencia, y ojalá poder así despedir el 2014 con la letra original de la canción más famosa de fin de año. Me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra.

*Colaborador de El Diario de Hoy

calinalfaro@gmail.com